4 de diciembre de 2009

Carta a María Antonieta Rivas Mercado


Querida Antonieta,

Hace muchos años leí el libro “A la Sombra del Ángel”. Tu biografía que es allí narrada me impactó, pero ahora, me contacto nuevamente con tu historia, y mi alma se sacude.

Lo tenías todo, buena posición económica, sueños artísticos, un hijo, pero aún así, decidiste terminar con tu vida, y apenas tenías 31 años. ¿Por qué? ¿Qué te orilló a tomar una decisión tan drástica? ¿Fue la derrota en aquella campaña presidencial que organizaste para tu amante? ¿Te cansaste de luchar e interactuar con una sociedad que no te satisfacía? ¿Amaste tanto que temiste que el rechazo o el abandono de tu hombre te destruiría?

No lo sé. Solo infiero, como suelo hacer. Quizá nunca comprenda tus acciones, pero reflexiono sobre la vida y el amor. Supongo que todas las mujeres adolecemos del mismo mal. Buscamos nuestra identidad en la aceptación de los demás, o en el amor romántico de un hombre, o en nuestro quehacer diario, y cuando eso termina, cuando eso no nos llena, entra el vacío.

Hace años me sentí así, lo reconozco. Pero esos días de oscuridad me sirvieron para alzar los ojos a la luz, la única que sacia, que llena y que da sentido. Una que se encuentra en la parte espiritual que solemos desechar y minimizar. Sí, María Antonieta, te hablo de Dios, más bien de Jesús.

¿Lo conociste? ¿Oíste de él? Te quitaste la vida en una iglesia, en Notre Dame. Pero quizá las veladoras encendidas o los vitrales luminosos no permitieron que vieras lo importante: la cruz, el lugar donde Jesús dio su vida por ti. Espero le hayas conocido; ruego que hayas tenido un encuentro con él.

Te lo digo de corazón a corazón. No te juzgo, pues si yo no conociera a Jesús, quizá seguiría el mismo camino que tú elegiste; tal vez me sentiría igual de confundida y sola. Y por eso no me canso de darle gracias a Dios porque me ha permitido acercarme a él. Nada, en este mundo, da sentido a la vida como él.

Tu compatriota,

Keila

4 comentarios:

Rudy dijo...

Mi escritora preciosa, he derramado algunas lágrimas al leer tu post. No sé, pero siempre el encuentro con algún suicida me causa estas reacciones. Siempre me pregunto: ¿se pudo hacer algo para evitarlo? ¡Sigh! Muchas preguntas sin respuestas. A Dios gracias, tú al igual que yo, tenemos la Luz Verdadera, ¡a Cristo!, aunque a algunas personas se les haga un cliché religioso, nosotras sabemos que es algo más, ¡mucho más! y que nos lleva en el camino adecuado.
Gracias por escribir ésto. A mi me hace ver la bondad y misericordia que Cristo ha tenido conmigo, al poder apreciar todas aquellas pequeñas cosas con las que Él me ha previsto y que eso me ha dado un gran horizonte, aunque no ha sido fácil el camino, pero si lo es en tener alguien en quien confiar y compartir.
Besitos.

Isa dijo...

¡Ups! Mi escritora favorita,no me fijé que estaba en el correo de mi esposo y el comentario anterior mío, salió con el nombre de él, ja,ja,ja,ja, ¡mamma mía!
Bueno,ya sabes que es ISA la que te postea, je,je.
Besitos.

Javi Melaza dijo...

Las palabras sobran. Mucho con demasiao.

Saludos.

Anónimo dijo...

Ibas muy bien hasta que comenzó tu moralina en el texto. ¡Lástima! Ma. Antonieta merecía mucho más que eso! Se nota que no conoces a fondo su vida, sus cartas íntimas y públicas. ni las investigaciones acuciosas que sobre ella se han hecho. La luz de la que hablas es muy hermosa más no significa "religión" es mucho más libre y más auténtica que eso, justamente para liberarte del vacío, del ego y del apego. Saludos.

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