30 de mayo de 2009

Ya no veo tele


No me he vuelto una anti-medios que decide que la televisión es del diablo (y quizá sí lo sea, pero no niego que de pronto me gustan algunos programas).

Simplemente no he tenido tiempo de verla. ¿Y saben? Esto me gusta; se siente bien. He descubierto que no la necesito para sobrevivir ni para descansar. Igual me relaja leer un libro. Sinceramente, prefiero llamar por teléfono a-ya-saben-quién que sentarme a pensar en crímenes (CSI, La Ley y el Orden) o en relaciones fallidas (desde telenovelas hasta series con dudosa filosofía).

De repente extraño algunas series que me hacían pensar o mantenerme al borde de la silla. Pero debo confesar que muchas de las tramas me han decepcionado (Héroes, Lost, Prison Break). Lo que al principio fue apuntando a una buena historia se complicó con tramas y soluciones basadas en los artistas de moda o las salidas de otros o la huelga de escritores, y hoy me encuentro confundida y poco intrigada.

Incluso he llegado a sentarme frente a ella solo para saltar de un canal a otro sin encontrar nada que llame mi atención. Y para ser sincera, solo echo de menos algo de deporte y aquellos tiempos en que las series no abusaban del sexo, la violencia y el morbo para destacar.

Me acuerdo de algunas, y me pregunto si empiezo a envejecer…

27 de mayo de 2009

Divagando sobre el problema real (3)


Cuando nos enfrentamos a vicios, adicciones, crímenes, finalmente, pecado, tendemos a buscar una explicación.

Nos justificamos. Lo hice porque no tuve opción. La vida me orilló a… Nadie me advirtió que… ¿Qué hubieras hecho en mi lugar?

Buscamos culpables. Esto es del diablo. El demonio de X entró en mí. ¿No se dice que “infancia es destino”? Alguien me hizo daño.

Nos resignamos. Así soy. Nunca voy a cambiar. Los seres humanos así estamos hechos. No puedo controlar mi cuerpo. Así nací.

Sin embargo, no hay cambio hasta que reconocemos la realidad: el pecado está dentro.

Alguien a quien admiro con todo el corazón, me dijo: “…entonces descubrí que más que una depresión o un pecado, hay algo en mí —algo está dentro de mí— que es contrario a Dios… y ese algo es capaz de convertirme incluso en un Hitler…”

¿Y qué hacer con ese pecado? Confesarlo. Aceptar que no podemos solos. Entregar todo a Cristo, el único que sabe qué hacer con el problema real. Y recuerden, solo divago...

25 de mayo de 2009

Divagando sobre el problema real (2)


San Agustín de Hipona, un teólogo africano, entendió el problema real.

Para él, el pecado era un asunto de “amor desordenado”. Y quién mejor que él para definir esto, pues creció en una familia disfuncional, sufrió durante su niñez, era propenso a la deshonestidad y al robo, aborrecía la educación, era adicto al sexo y a la comida… su vida era un desorden.

¿Su consejo? Para encontrar la verdad, se comienza mediante el auto-conocimiento. Cuando comprendemos que el corazón del hombre es un abismo donde la raza humana vaga con ceguera, nuestra miseria nos lleva a permitir que Dios re-ordene nuestra vida y nos traiga a Él.

¿Amor desordenado? Cuando cualquier cosa o persona o pensamiento ocupa el lugar que le corresponde a Dios, hay un amor desordenado.

Creo que el orden de mi amor debe ser: a Dios, luego a la gente más cercana a mí: mi esposo (en unos meses), mis hijos (en unos años), mi familia, mis vecinos, mi comunidad…

Sin embargo, la realidad pinta algo así: mi amor es a mí misma, y a mí misma, y a mí misma, y a lo que mi esposo pueda hacer por mí, y a lo que mis hijos puedan hacer por mí, y a lo que mi familia pueda hacer por mí, y a mí misma, y a mis vecinos si me caen bien, y a mi comunidad si eso me conviene, y a mí misma…

Y ese “a mí misma” se muestra en acciones: pasiones desordenas, vicios, adicciones, pensamientos incorrectos, mentiras…

San Agustín era muy sabio. El problema está dentro.

22 de mayo de 2009

Divagando sobre el problema real (1)

Un demonio experto aconseja a su sobrino en el libro de CS Lewis (Cartas del diablo a su sobrino). Haríamos bien en escuchar:

“Debes traer al paciente a la condición en la que pueda practicarse un auto-examen de una hora sin descubrir ninguno de los hechos sobre sí mismo que son perfectamente claros para cualquiera que ha vivido con él en la misma casa o ha trabajado con él en la misma oficina”.

¿Qué nos dirían nuestros familiares y colegas que debemos cambiar si fueran honestos con nosotros? O más bien, si nos atreviéramos a preguntar.

“Es curioso cómo los humanos piensan que nosotros (los demonios) les ponemos cosas en la mente: en realidad nuestro mejor trabajo se lleva a cabo si logramos mantener cosas fuera”.

El problema no es lo que entra, sino lo que sale. El problema está adentro. ¿Qué cosas trata el enemigo de mantener fuera? Pienso que la ‘verdad’.

“Lo indicado es dirigir la malicia de tu paciente a sus vecinos inmediatos —a los que ve día a día— y enviar su benevolencia a los más remotos, a gente que no conoce. Entonces la malicia se vuelve real y la benevolencia imaginaria”.

¿A quién trato bien y a quién mal? En definitiva, cuesta más tratar bien a aquel con quien convivo a diario.

El problema real, entonces, está dentro de mí.

20 de mayo de 2009

Sueños rotos


Si no hubiera sueños rotos, no creería que hay sueños mejores...


Si no hubiera sueños rotos, no confiaría que hay un futuro mejor...


Si no hubiera sueños rotos, no pensaría que solo te necesito a Ti...


Si no hubiera sueños rotos, ¿habría vida?

18 de mayo de 2009

Carta especial

Queridos amigos,

Los echo de menos. He tenido unos meses en que el trabajo me agobia, la vista se me cansa y por las noches estoy tan cansada que no los he disfrutado como antes. Pero sé que siguen a mi lado.

Aún los huelo y acaricio de vez en cuando. Aún los añoro cuando voy de compras o me paseo por mis páginas preferidas de Internet. Aún los recuerdo, a ustedes viejos amigos, que me contaron tantas historias y me robaron lágrimas y sonrisas. Aún los anhelo, a ustedes nuevos amigos, que me esperan con paciencia apilados sobre la repisa.

Ya pronto regresará la calma, y aunque ahora los voy sorbiendo y masticando de poco a poco, siguen ocupando una parte muy especial de mi corazón. No los he olvidado, ni los he abandonado. Solo aguarden un poquito y volveremos a entablar conversación.

Quizá en unos meses nos mudemos a otra casa, pero gracias porque irán a mi lado y me acompañarán en esta nueva aventura. Supongo que a muchos de ustedes los volveré a abrazar por las noches, sobre todo cuando los comparta con mis nuevos amores. Otros de ustedes tal vez se queden en casa de mis padres, pero tarde o temprano nos encontraremos de nuevo.

No quiero sonar melancólica, así que dejo de escribir. Pero aquí estamos, aquí seguimos, y nuevamente agradezco su presencia en mi vida. Cuando me falta inspiración solo debo alzar la mirada y ustedes me recuerdan porqué hago lo que hago. No importa el cansancio, la fatiga, el desaliento, el miedo, acaricio un sueño que ustedes me inspiraron, y por él lucharé.

Gracias, mis libros, por estar aquí.

Su lectora,

Keila

14 de mayo de 2009

Sonrisas, ternura, inocencia


Sonrisas, ternura, inocencia. Aceptan la vida con gratitud, no con exigencia. Abrazan sin preguntarse qué pensará el otro, solo dan. Acarician sin dobles intenciones. Besan sin prejuicios. No temen el porvenir, si acaso solo se preguntan si habrá más diversión.

¿Meditan en el pasado? No lo creo. Por lo menos no recuerdo haberlo hecho. Viven el hoy y el ahora. Estudian y aprenden por el placer de hacerlo. Aman y son amados porque es parte de su esencia.

¿A qué hora perdimos dicha magia? ¿En qué momento renunciamos a esa paz? Que Dios nos ayude a volver a ese estado de dependencia en Él. Que nos guíe de nuevo a los senderos de la inocencia. Que nos regale el corazón abierto para amar a otros y dejarnos ser amados por otro sin las desconfianzas del adulto.

En otras palabras, que surja el niño/la niña que traemos dentro.

11 de mayo de 2009

El camino a la celebración

Leí que solo hay un camino para lograr una verdadera celebración, y ese sendero se llama obediencia. A veces no entiendo el porqué. ¿Por qué esperar cuando uno puede avanzar sin aparentes peligros? ¿Por qué no hacer las cosas a nuestra manera? ¿Por qué no divertirnos a costa de otros?

Y sin embargo, nos gustan las celebraciones que siguen reglas y protocolos. No concebimos la Navidad sin que el tío sultano haga ciertas cosas. ¿Por qué? Porque siempre se ha hecho así. Nos gusta saber que existe cierta comida de ocasión, y que en esa fecha se recuerda algo específico.

Quizá por eso muchas veces no la pasamos bien; porque pretendemos alegrarnos cuando la base de todo es nuestro propio placer y olvidamos el dar. Pensamos que todo se centra en nosotros y nos quedamos igual de vacíos.

Entonces confundimos la risa desenfrenada con la felicidad, el criticar a otros con buen humor, el pensar en nosotros mismos con libertad. Tal vez cuando hagamos las cosas bien y nos centremos en la gratitud, la humildad y el propósito de las celebraciones, hallaremos esa perla preciada que CS Lewis buscó, y que lo sorprendió de un modo insospechado. Esa hermosa palabra y ese profundo sentimiento, ese estado de ánimo y modo de ser, llamado “gozo”.

7 de mayo de 2009

Tiempos extraños


Hace unos meses, no lo hubiera creído. Si alguien me hubiera dicho que a finales de abril mi ciudad (una que no duerme), se convertiría en un “pueblo fantasma”, lo habría tachado de loco. Si alguien me hubiera dicho que caminaría en la calle con un cubre-bocas, habría meneado la cabeza. Si me hubieran contado que los restaurantes y cines cerrarían durante días, me habría dolido el estómago de tanta risa.

Hoy vivo tiempos extraños. Por unos días, los millones de habitantes de la ciudad se escondieron en sus casas; usamos cubre-bocas para salir; el mundo laboral se detuvo. Y en medio de todo, viví tiempos extraordinarios, incluido un viaje relámpago a Oaxaca, mi ciudad de fantasía.

He cambiado, he crecido, he madurado, he reído, he llorado, todo en el lapso de una semana y media. Asistí a un congreso para mujeres que dejó una profunda huella en mi alma. Recibí uno de los mejores regalos de mi vida que ahora presumo en mi dedo anular. Visité familiares y amigos (uno que hacía años no veía).

Los tiempos extraordinarios (fuera de lo normal) requieren de nosotros respuestas extraordinarias. Más amor, más confianza, más paciencia, más aguante, más pasión. Y en medio de las noticias confusas y alarmantes, también debemos estar atentos a las buenas noticias, que llegan con la misma fuerza que las novedades malas, pero que a veces ahogamos por miedo o conformismo.

Oportunidades. Reflexión. Madurez. Crecimiento. Son solo unas cuantas virtudes de los tiempos inciertos.

4 de mayo de 2009

Aquí sigo...

...agradecida por salud y por un día más de vida
...expectante ante las sorpresas que Dios tiene para este día
...motivada a disfrutar cada minuto de mi vida
...decidida a buscar y conocer a Dios más y más
...ilusionada porque amo y soy amada
...asombrada por el mucho amor que recibo de amigos y familia
...dispuesta a dar lo mejor de mí para corresponder a este amor
...gozosa en medio de las circunstancias
...confundida por lo que escucho en los medios pero firme en Dios
...preparada para lo que venga, pues conozco el final de la historia