31 de agosto de 2009

¿Dónde están las buenas películas?


Hace tiempo que no voy al cine. Falta de tiempo — falta de dinero — pero sobre todo, falta de una película que llame mi atención. Veo la cartelera, y nada se me antoja. Si acaso, acaricio algunas películas que se estrenan en los próximos meses, pero no con ansias, sino con mediana curiosidad.

¿Estoy envejeciendo? ¿Será que mi mente está en otras cosas? O ¿acaso no hay películas como las de antes? Sueno a “viejita”, pero es la verdad. ¿Dónde están esas cintas históricas como “Corazón Valiente” o “Gladiador”? ¿Dónde están los grandes libros llevados a la pantalla como “Los Miserables” u “Orgullo y Prejuicio”?

Desde hace unos años me prometen —y no cumplen— con una nueva versión de “Cumbres Borrascosas”. Sigo esperando. ¿Y qué de aquellas historias verídicas al estilo “Hotel Ruanda” o “La Lista de Schindler”? ¿Se acabaron los héroes?

Y para cerrar mi “minuto” de quejas, ¿qué de las obras épicas al estilo “El Señor de los Anillos”? ¿Cuándo viene la tercera de Narnia? En fin… quizá me conviene este atraso cinematográfico pues —insisto— no tengo tiempo ni dinero, pero uno solía hacer sacrificios para las cosas buenas, como lo hice para “Quisiera Ser Millonario”.

En fin…


p.d. Por cierto, también es un robo eso de comer en el cine. El precio de las palomitas (rosetas de maíz) me parece escandaloso.

28 de agosto de 2009

La mecha de mi ira

No recuerdo dónde lo escuché o quién lo dijo, pero mi mamá me recuerda la frase constantemente: “a veces la mecha de tu ira es muy corta”.

Lo comprendo bien. Hay días en que actúo con mayor paciencia y tranquilidad, pero en ocasiones estallo a la menor provocación. La mecha se encuentra más cercana a aquello que inicia el fuego y respondo de mala manera o hago gestos o me exaspero.

¿Cómo alargar la mecha? Hay circunstancias que a veces la hacen pequeña: estrés, cansancio, presiones; pero no son excusas válidas. Muchas veces, incluso, estallo contra alguien que ni siquiera tiene relación directa con lo que me aqueja (como el que lava los autos, o el que atiende el call center del banco, o la que me corta el cabello).

¿Cómo alargar la mecha? No puedo sola. Necesito que Dios trabaje en mí para ir añadiendo mecate a la vela. Esto no implica que jamás me enojaré o me enfadaré. El enojo, creo yo, no está prohibido como tal en la Biblia. Jesús mismo se enojó. Lo incorrecto es ponerme furiosa sin motivo o sin razón, o alterarme a la menor provocación, o dejar que mi ira se extienda por varios días.

¿Cómo alargar la mecha? No puedo cambiar las circunstancias externas. De hecho, la vida parece que se torna más complicada cada día que pasa. En mi vida personal se vienen días de mucho ajetreo y compromiso, pero le pido a Dios, le ruego a Dios, que alargue la mecha de mi carácter, pues no quiero herir, no quiero lastimar, ni quiero dañar a los que me rodean.

Que se alargue la mecha de mi ira.

25 de agosto de 2009

Divagando sobre muéganos


Un muégano es un dulce típico mexicano que incluye piloncillo, harina, huevo, sal, aceite vegetal y agua. Estos ingredientes forman una pasta que se corta en cuadritos y éstos se fríen en aceite. Finalmente, se bañan en un jarabe espeso formado por piloncillo, agua y canela, con los que estos cuadritos se pegan.

Curiosamente, también existe una teoría del muégano, en relación a la sociedad mexicana. El sociólogo Fernando Escalante Gonzalbo establece que el muégano es una forma de sociabilidad caracterizada por la aglomeración.

Él lo marca como un sistema confuso de relaciones personales, con límites imprecisos y dificultad para abandonar el círculo. He presenciado algunas de las ramificaciones de esta teoría: primero se atiende a las necesidades del compadre, o se complace a los parientes, o se protege a la familia, o se gana la lealtad de un conocido que nos conviene para fines prácticos.

De hecho, el sociólogo explica que el muégano es pegajoso y va sumando arrimados, parientes, allegados, de modo que se confía más en el muégano que en el sistema institucional; y se defiende al pariente, aún si éste ha roto los códigos civiles.

Sin embargo, me gustan los muéganos —sobre todos los hechos en Tehuacán. Y me gusta aún más la sensación de muégano que siento cuando visito a la familia. Me agrada esa protección, esa lealtad incondicional y ese apego humano.

Este fin de semana palpé este amor en todas sus creces con la familia de sangre (en el rancho de mi prometido y en la ciudad de mis tíos), pero también sentí ese apego en el cariño de muchas amigas y hermanas que nos unimos como muéganos para estudiar la Palabra de Dios, rociadas por el jarabe del amor del Espíritu Santo que nos consoló y nos fortaleció.

Escalante tiene razón en su apreciación. Pero como en todo, hay dos versiones, y no cabe duda que los muéganos son una delicia al paladar, pero también al corazón.

21 de agosto de 2009

La crisis nos pegó


¿Se acuerdan que nos íbamos a los mejores restaurantes italianos donde pedíamos menús de tres tiempos? Ahora vamos a la sección de comida rápida o a los tacos.

¿Se acuerdan que nuestra rutina incluía el cine o el teatro? Ahora rentamos películas de Blockbuster los martes, que son a $15.

¿Se acuerdan que comprábamos buena ropa en las tiendas departamentales de los centros comerciales de moda? Ahora nos pasamos ropa entre las amigas, por lo menos para variar estilos.

¿Se acuerdan que nos gustaba ir por el último CD de U2 o de algún otro artista preferido? Ahora esperamos a que algún amigo lo compre y le pedimos que nos lo preste para bajarlo a nuestra PC.

Pero aún peor… la crisis espiritual nos pegó

¿Se acuerdan que antes orábamos antes de organizar algún evento? Ahora organizamos y luego, si nos acordamos y nos da tiempo, oramos.

¿Se acuerdan que leíamos la Biblia con emoción y discutíamos los temas calientes de moda para encontrar respuestas? Ahora tratamos de acomodar lo que leemos en la Biblia para compaginarla con los puntos de vista de la sociedad sobre esos temas calientes de moda.

¿Se acuerdan que solíamos ansiar los domingos para cantar, orar juntos y partir el pan? Ahora esperamos el domingo solo porque nos podemos levantar más tarde, pedir pizzas por la tarde y ver el fútbol.

¿Se acuerdan que Dios era lo más importante en nuestra vida? Ahora Dios está en nuestros labios porque queremos salir de esta crisis, pero no es lo más importante en nuestras vidas.

La crisis nos pegó.

19 de agosto de 2009

Tengo ganas

Tengo ganas de leer una buena novela que no hable de vampiros ni de conspiraciones

Tengo ganas de comer un trozo de pastel de chocolate recién horneado con helado de vainilla arriba

Tengo ganas de escribir algo diferente que inspire y que atrape (aunque no sé el tema, ni la época, ni el género) Writer’s block!

Tengo ganas de sentarme a tomar una taza de café con mis amigas españolas (Lisi y Eva)

Tengo ganas de caminar por la playa de Veracruz con Isa y platicar horas y horas

Tengo ganas de cocinar con Karen para aprender y conversar de nuestros sueños

Tengo ganas de ver una película de Jane Austen con Magda

Tengo ganas de que el tiempo vuele y ya sea noviembre

Tengo ganas de ir a Querétaro para pasar tiempo con mi amado y verlo y abrazarlo y oír su voz

Tengo ganas…

13 de agosto de 2009

Hecha verdad, de Nellie Campobello

Gracias Dios mío
hoy conozco
el amor
Hoy sé por qué
no me había
ido
Él llegó
a mi vida
de sonrisas
de tonta alegría
Llegó el amor
hoy puedo irme
tranquila
no había sido
feliz hasta hoy
Él llegó
Él está en mí
toda yo
soy amor

10 de agosto de 2009

Divagando sobre "lenguas extranjeras"

Como maestra de inglés, me enfada un poco la nueva opción de Google para traducir las páginas que vienen en dicho idioma al castellano. Supongo que soy algo egoísta en mi apreciación, pues si las páginas estuvieran en chino y yo necesitara comprender la información, no me molestaría.

Simplemente pienso en lo siguiente: Si todo está traducido, ¿para qué aprender inglés?

Como alguien que percibe ingresos a través de este medio, me siento decepcionada, pero me voy un paso más. ¿Nos volveremos aún más perezosos para aprender idiomas? ¡Qué decepción!

Admiro a todos aquellos que hablan más de cuatro idiomas. En lo personal yo he sido perezosa y solo me he quedado con dos, pero no dudo que en mi futuro necesitaré por lo menos otros dos.

Así que solo divago. ¿Será que la tecnología nos da excusas para no ejercitar la mente?

5 de agosto de 2009

Regalo inesperado


Me acostumbré a mi antiguo gimnasio y no negaré que me dolió dejarlo. Desde hace unos años me ha gustado ejercitarme, pues he visto sus efectos positivos en mi salud, pero también en mi estado de ánimo.

Cuando abandoné el pasado club (donde tenía la alberca), sentí que dejaba una partecita de mí. De hecho, lo vi más como un “sacrificio”. Pero decidí que era importante pues estaba gastando mucho dinero y no le sacaba el debido provecho.

Desde entonces, comencé a ir a clases de spinning, uno o dos días a la semana. Pagaba por clase, pero faltaba mucho pues me quedaba un poco retirado y a veces no me convenían los horarios.

Entonces, hace una semana, recibí un regalo inesperado. Resulta que mi hermana había pagado un año para ir al Curves cerca de la casa. Pero por cuestiones de salud tuvo que dejarlo. Entonces la dueña del establecimiento se acordó de que le debía todavía seis meses y le llamó por teléfono.

Mi hermana le dijo que ya no podía ir, pero la dueña le sugirió que un familiar tomara su lugar. ¡Así que ahora tengo seis meses gratis para irme a ejercitar! Y la verdad es que en esta etapa de mi vida, este tipo de ejercicio me conviene. Puede ir el día que quiera, a la hora que quiera. Solo me toma 30 minutos y no me agoto demasiado.

En unos meses se acabará el regalo, pero vendrán otros más. Así que doy gracias por esta oportunidad, pues veo que Dios sigue al pendiente de mí, y me roba muchas sonrisas día a día.

¡Cuánto lo amo!