7 de enero de 2010

Chocolate amargo


El chocolate amargo no es menos chocolate. Contiene las mismas propiedades; de hecho, diríamos que se encuentra en su forma más elemental, sin la añadidura de azúcar, leche y otras sustancias que componen el chocolate que más comúnmente conocemos.

Supongo que en la vida las relaciones de pareja son así también. La sociedad nos vende un chocolate más comercial (con azúcar y leche), donde el galán nos abre la puerta del auto, nos recita palabras románticas, nos sorprende con regalos costosos y nos conquista.

Sin embargo, cuando llegamos al matrimonio, la diaria convivencia nos muestra —en muchas ocasiones— el chocolate en su forma más elemental, con un sabor semi-amargo. Entonces nos quejamos. ¿Dónde ha quedado el romance? ¿Qué de las flores? ¿Cuándo volverán las canciones románticas?

Quizá es cuestión de enfoques. ¿Qué es lo que nos gusta del chocolate? No es simplemente su dulzura, pues en ese caso compraríamos miel. No es tampoco su consistencia, pues podríamos optar por goma de mascar o algo crujiente como unos cacahuates (maní). Son las propiedades mismas del chocolate las que conquistaron a los aztecas, luego a los españoles, y hoy a las mujeres.

El chocolate amargo no es menos chocolate. Una relación de matrimonio del día a día no es menos romántica, ni especial, ni real, solo por los roces naturales de la convivencia.

¿Qué hago cuando recibo un trozo de chocolate amargo? Me lo como. Lo disfruto. Lo combino con otros sabores. Del mismo modo, en aquellos días de fricción con mi pareja, debo hacer lo mismo. Seguir adelante. Poner de mi parte. Combinarlo con buenos recuerdos.

Finalmente la vida tiene días buenos y malos, altos y bajos, dulces y amargos, pero sigue siendo vida. No nos quedemos solamente con las ideas que nos han vendido de modo comercial (chocolate americano o romance hollywoodense), sino que aprendamos a encontrar el valor y la belleza de las cosas, desde un chocolate (aún sea amargo), hasta una relación de pareja (al paso de los años).

5 comentarios:

Isa dijo...

¡Me encantó tu post Keila! Y me gusta lo que descubres y puedes verter en letras. Es verdad que las que llevamos ya mucho tiempo viviendo en compañía y convivencia con nuestro esposo, esto es algo que hemos experimentado e incluso predicado, pero me gusta cómo lo expresas.
Por cierto, de todos los chocolates que hay, este es el tipo que más me gusta, je,je, aunque ahorita por situaciones de salud me esté prohibido ¡sigh!(suspiro).
Lindo post mi preciosa escritora favorita.

Andres Sgv dijo...

No soy muy "Chocolatero" y el que menos me gusta es el amargo...mmmmm, sera que por eso no me he casado???

Isa dijo...

Keila preciosa, regreso de nuevo, porque encontré en una libreta vieja esta frase muy cierta:
"Cuando sentimos amor de verdad, sólo deseamos el bien de la otra persona. Cuando sólo sentimos amor romántico, lo que deseamos es a la otra persona."
Este es una frase de Margaret Anderson -escritora-
Me dio risa lo que escribió Andrés, ja,ja,ja, ¡ah, nuestro querido Andrés!
Saludos.

Andres Sgv dijo...

Les cuento que hoy en la tarde hice un postre de chocolate. Estara publicado en mi blog un dia de estos que no tenga la inspiracion de escribir! :-)

Triple dijo...

Un amigo de Insufrible nos trajo chocolate de Oaxaca, justo ese que se ve en la foto de esta entrada, dice "cacao puro, sin azúcar"... ayer saqué una tablilla para prepararlo con leche y tomarlo con la rosca; se me ocurrió partir un pedacito y metérmelo a la boca... aghhh... de verdad es el chocolate en su forma más pura y no me gustó nada, a pesar de ser chocolatera hasta la médula y creo que por eso, hoy más que nunca, entiendo tus palabras perfectamente, por eso y porque muchas veces he decidido amar a pesar de no haberlo sentido; he decidido enamorarme otra vez a pesar de la rutina... así es el matrimonio.

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