1 de enero de 2010

Masticando el Año Nuevo

Empieza un Nuevo Año. Termina el Viejo Año. Solía redactar propósitos para mejorar, pero abandoné la práctica hace unos cuantos años cuando me di cuenta que algunas propuestas eran descabelladas, otras parte de mi rutina normal y unas más hasta tediosas.

Pero el Año Nuevo trae consigo preocupaciones. ¿Nos irá mejor? ¿Se acabará la crisis? ¿Aparecerá una nueva enfermedad? ¿Encontraremos el amor? ¿Mejoraremos nuestra condición física? ¿Hallaremos un nuevo trabajo?

Un sabio dijo: “No hay nada nuevo bajo el sol”. Qué cierto. Cada año, desde que tengo memoria, se coquetea con las mismas penas, desgracias y angustias. ¿Y lo peor del caso? ¡Muchas de ellas son inevitables!

Sin embargo, he llegado a una conclusión: lo mejor es comprender que hay cosas que no están en nuestro control; ésas, se descartan; pero hay cosas que podemos cambiar; sobre ésas, se trabaja. Y de ese modo, el Año Nuevo no suena tan amenazante, sino más bien como un reto y una oportunidad de crecer.

El año pasado me sentía un poco triste. El 31 de diciembre me encontraba sin pareja, y preguntándome si algún día me casaría. En años pasados, hallar a mi media naranja sobresalía como el punto número 1 en mi lista de deseos, pero a finales del 2008, decidí descansar. Ya no podía más. Me había fatigado por la espera y frustrado por las falsas alarmas.

¿Estaba en mis manos hallar al hombre de mi vida? Concluí que no. (Podía visitar lugares en busca de un hombre, pero me había dado cuenta que así no funcionaba la cosa). ¿Podía trabajar en mi carácter para que —cuando el príncipe azul llegara— no me viera amargada y triste? ¡Por supuesto que sí!

Sé que no es una receta, ni pasa en todos los casos, ni pretendo exagerar, pero en enero de ese año, lo conocí. Y hoy recibo el Año Nuevo con mi esposo. Insisto, no son 12 pasos para encontrar pareja, ni un ritual para casarse. Solo reflexiono en que cada año traerá sus propias preocupaciones. Aprendamos a descansar: dejando a un lado lo imposible, y trabajando en lo posible. Es una buena forma de comenzar a endulzar la vida.

7 comentarios:

Magdalena dijo...

Keilita, cuánto bien me hace tu escrito de hoy, gracias. Tú sabes porqué. Sorry que ya no pudimos hacer plan esta semana, no han sido fechas fáciles. Soon, I promise. Tengo muchas ganas de verte y platicar a gusto.

Un abrazote por el nuevo año. Que les traiga a Abraham y a tí mucha salud y satisfacciones.

Darth Akire dijo...

Keila: No comento muy seguido por aqui, jeje. Pero me gusta leerte y lo hago constantemente.

Muy sabias palabras. Eso que dices aplica en todo. Hay cosas que jamás podremos controlar, pero lo que sale de uno mismo sí se puede moldear.
Me dejas reflexionando.

Un abrazo para ti y tu esposo. Les deseo mucha más felicidad este año.

Anónimo dijo...

Keila, otra vez me conmoví muchísimo. Por muchas cosas pero sobre por leerte tan sincera, y expresando tu forma de "derramar tu corazón" ante nuestro Padre.
Una vez mas soy bendecida con tus palabras. Yo también tengo imposibles que están en las manos de El y con mas gusto trabajaré sobre lo posible. Cariños. Miles de chispitas luminosas. Gabriela.

elim-el oasis de Eva dijo...

Buenísima reflexión Keila, para aplicarla cada día de nuestra vida. Un abrazo.

Brisa. dijo...

Muy buen escrito y felíz año Keilita!
Mis mejores deseos para tí y Abraham.
Un abrazo :)

Andres sgv dijo...

Bien, espero leer la historia completa del donde y como se conocieron.

Fue bueno "echar" toda anciedad sobre el y experimentar que en verdad El cuida y se preocupa de nosotros verdad?

Anónimo dijo...

Pleeease, cuentanos como fue el flechazo!!

Gemi

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