8 de febrero de 2010

Divagando sobre el amor de Dios

Santa Teresa de Ávila lo dijo: “¡Oh Dios mío, no te amo; ni siquiera deseo amarte, solo quiero querer amarte”.

Yo solo divago.

Tuvo razón. Por naturaleza no amamos a Dios. No se nos da. Así como tampoco se nos da amar a los demás. Somos seres egoístas. Quizá el único “amor” sincero lo rendimos a nosotros mismos, a nuestro yo.

Tuvo razón. Tampoco deseamos amar a Dios. Si acaso, nos esforzamos por amar a nuestra pareja cuando ésta nos irrita, o ponemos de nuestra parte para amar a un hijo rebelde, pero ¿a Dios?

Tuvo razón. En el fondo, anhelamos querer amar a Dios. Buscamos llenar ese vacío espiritual que abunda en nosotros.

Ella lo dijo. Yo divago y repito: “¡Oh Dios mío, no te amo; ni siquiera deseo amarte, solo quiero querer amarte”.

2 comentarios:

Andres Sgv dijo...

Es verdad, por eso el desafio biblico es amar a otros como a nosotros mismos.

Mi amor a Dios No es lo que deberia ser y siento lo mismo que Santa Teresa.

Pero la palabra afirma que "nosotros le amamos a El, porque el nos amo primero".
Su palabra es VERDAD y no dice que queremos amarle, pero que le amamos. Aunque yo se que mi amor hacia aquel que me amo es todavia muy imperfecto, creo que Dios no lo ve asi. El lo recibe tal y como deseamos amarle, servirle, adorarle.

Solo me queda decir como Pedro despues del fracaso: "Señor, tu lo sabes todo, tu sabes que te quiero"

Michel dijo...

tal vez... "Señor tu lo sabes todo, tu sabes que quiero amarte" ??? Muchas gracias por las letras prima. Un abrazo

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