3 de febrero de 2010

Divagando sobre una riqueza inusual

Me topé con este texto bíblico que me dejó fría: “La verdadera sumisión a Dios es una gran riqueza en sí misma”. 1 Timoteo 6:6 (Nueva Traducción Viviente).

Pasé toda una noche meditando en estas palabras. Había vivido unos días de mucha tensión y cansancio, y en medio del insomnio, masticaba la frase una y otra vez. ¿Cuál es la verdadera sumisión a Dios?, me preguntaba.

La definición que más me ha gustado dice que someterme implica no salirme con la mía. Entonces reflexioné en que muchos de mis corajes del día rondaban alrededor de dicho punto. Quería que se hicieran las cosas a mi manera, en los tiempos que me convinieran, del modo que más me placiera. Así vivimos, con agenda en mano, procurando que todo gire alrededor de nuestros intereses, sin realmente ocuparnos de los demás.

¿Qué es lo opuesto a la sumisión? El egoísmo. Pensemos en un niño. Va por el centro comercial y todo quiere. Pide un auto de juguete, luego un helado, más tarde unas fichas para un videojuego. El padre titubea. No puede gastar tanto. Le da una que otra cosa, pero no todas, entonces el niño hace un berrinche. Egoísmo. Igual actuamos.

Lo opuesto, usando este burdo ejemplo, sería someternos a Dios. El niño pide el auto de juguete, el padre le dice que ya tiene dos. El niño lo acepta y sigue caminando. El niño exige un helado, el padre le recuerda que tiene tos y gripa. El niño lo acepta y sigue caminando. El niño suplica por un videojuego, el padre le permite jugar uno, no más. El niño lo acepta y sigue caminando.

¿Irreal? Por supuesto. ¿Ideal? Claro que sí. Sin embargo, no somos niños. Entendemos, como adultos, las razones detrás de una negativa, y aún si no las comprendiéramos deberíamos de ser capaces de aceptarlas tan solo porque vienen del Padre Eterno. Quizá por ello Dios nos recuerda que la sumisión es un tesoro.

Si el niño no hiciera tantos berrinches, sería más feliz. Si nosotros no quisiéramos salirnos con la nuestra todo el tiempo, viviríamos con más paz.

Solo señalo que el texto dice: “verdadera sumisión a Dios”. Existe una falsa piedad que fingimos frente a los hombres, donde supuestamente obedecemos, pero lo hacemos para nuestros propios fines (ganar algo, como reputación, confianza o dinero). Esa sumisión no trae riqueza.

Y yo… solo divago.

5 comentarios:

Alí Reyes H. dijo...

Muy cierto...Pero...¿Por qué sigo actuando con berrinche? ¡Dios mío ayúdame!

Triple dijo...

Tu divaga... yo aprendo.

Andres Sgv dijo...

GUILTY as charged: I always want to get away with my own plans, thinking and desires and have things my own way.

Lord help me and make me "unusually rich".

Isa dijo...

Me gustó tu explicación. Tan cierta mi Keila, pero tan caprichocitos que somos, ¡sigh!
Mucho para aprender y practicar. Excelente post.
Besitos.

Brisa. dijo...

Muy bueno amiga!!
Tus divagaciones son lecciones para tus lectores.

LinkWithin

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...