1 de febrero de 2010

Peter Pan: conclusión

Me quedo con tres ideas centrales que extraigo del análisis de estas cuatro mujeres, de diferentes edades, razas y situaciones sociales, pero que nos recuerdan la tragedia o la realidad de ser una mujer.

Primero, esa necesidad profunda de ser amadas. Wendy hace cosas para que Peter la quiera; Campanita lo divierte; Tigridia lo seduce; la señora Darling le da un beso. Peter Pan es uno y todos los hombres a la vez. Conserva lo que todas amamos del sexo opuesto: capacidad de olvidar, disfrute de la vida, pasión por las aventuras y una risa peculiar.

Segundo, ser mujer conlleva la gracia de dar, y lo digo con sumo respeto. No me parece degradante lo que Wendy hace por los demás, pues es su modo de expresar su afecto. Si bien exagera (y recordemos que esta es una obra de ficción), Barrie, en lo secreto, la admira y la ensalza como esa mujer que ama y se entrega. Quizá nos entristece saber que a Wendy se le ama por lo que hace, y no por lo que es, pero ¿no es lo mismo? ¿No es Wendy hacendosa porque así lo desea, y no son sus deseos sino el mapa de su alma?

Tercero, me conmueve pensar que las mujeres no hemos cambiado, ni lo haremos. La figura central de este libro, más que Peter o Wendy, se esconde detrás de la sonrisa silenciosa de la señora Darling, la madre de Wendy, quien ya conocía a Peter Pan. En el último capítulo leemos que Jane, la hija de Wendy, también se lo topa con él, luego su nieta, su bisnieta, y concluyo con una frase de Oscar Wilde: “Todas las mujeres llegan a ser como sus madres; esa es su tragedia. Ningún hombre lo hace. Ésa es la suya”.

¿De quién aprendemos el desprendimiento de nuestro tiempo para volcarnos en los demás? ¿Quién nos enseña a remendar la ropa o a dejar limpia la cocina? ¿Quién despierta de noche para arrullarnos después de una pesadilla? Tal vez esto no es una tragedia, sino un hecho contundente que nos hace lo que hoy somos: madres, esposas, hijas, amantes, mujeres. Seamos como Wendy, como Campanita, como Tigridia, como la señora Darling, hemos heredado y legaremos nuestra función como madres y mujeres a nuestras hijas, nietas y bisnietas. Pero para mí, esa no es una tragedia.

6 comentarios:

anais figuera dijo...

no es una trajedia pero como agota...

Triple dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Triple dijo...

Para mí tampoco es una tragedia, querida amiga. Si es una tragedia, soy una masoquista empedernida.
Tu me prestaste este libro, pero creo que vale la pena adquirirlo y conservarlo en mi biblioteca.

Adan Cortes dijo...

Vaya yo solo he visto la pelicula jajaja creo que va siendo hora de leer la verdadera historia no "adulterada" como lo supo hacer el maravilloso Sr. Disney, que cosas tan increibles se pueden sacar del transfondo de una historia asi Felicidades Keila.

Isa dijo...

¡Vaya! Al igual que Adán, yo también sólo he visto la película, ja,ja,ja. Creo que es hora de leer el libro.

Andres Sgv dijo...

Por supuesto que no es tragedia, es ser lo que Dios te hizo: mujer y gratamente conllevar todo lo que implica!

Tengo mas que decir sobre los hombres que no quieren crecer, pero a lo mejor un dia lo haremos personalmente despues de unas enchiladas suizas. :-)

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