8 de abril de 2010

Carta a una amiga


Querida amiga,

Escribo esto ahora que me entero de la noticia, pero lo publico hasta unas semanas después pues hoy todavía duele, y tal vez mis palabras no sean las adecuadas. ¿No te pasa lo mismo? Queremos decir tanto que terminamos sermoneando o lastimando, ofreciendo verborrea que no ayuda en nada.

Pero lo cierto es que me duelo, me duelo contigo. Lloro a la distancia, consciente que quisiera estar a tu lado en estos momentos para llorar juntas, para guardar silencio y mirar el cielo en busca de respuestas.

Pero estoy aquí, a un océano de distancia, pensando en ti. Así que le pido a Dios que te mande una brisa fresca que te recuerde que muchos te queremos; le ruego que te envíe un descanso reparador que sirva como un abrazo físico; le suplico que te abrace por las noches con su cariño y así recuerdes que te ama.

Oro por ti, oro por los tuyos, oro porque es lo mejor que puedo hacer. Aún si estuvieras en la misma ciudad, propondría orar por ti. Porque solo así las palabras se componen y adquieren coherencia; porque solo así la mente se esclarece y la perspectiva se abre camino entre las sombras; porque solo así recordamos que hay eternidad en nuestros corazones, y el adiós no es para siempre, la distancia es un momento en el tiempo, las penas son pasajeras.

Así que aquí estoy. Cuenta conmigo, y gracias, muchas gracias por tu amistad.

Te quiero,

Keila

4 comentarios:

elim-el oasis de Eva dijo...

Seguro que esta carta (junto a tus oraciones) le ayuda a "levantar el vuelo como las águilas".

Isa dijo...

Keila preciosa!!!! Tu amor es más dulce que el amor de las mujeres, esto lo escribo emulando a David al recordar el amor de su amigo Jonatan. Sé que tu amiga se sentirá igual al leer tus pensamientos.El Señor te siga proporcionando esa capacidad de amar.
Besitos.

Triple dijo...

Me uno a tus palabras. Te amamos querida amiga del otro lado del mar.

*Denisse* dijo...

Que bendición es contar con amigos y hermanos tan amados que sean como un remanso en tiempos difíciles, pero que bendición mas grande la de tener un Dios que es inmutable y consolador.

Despues de todo, su poder se perfecciona en nuestra debilidad...

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