16 de septiembre de 2010

Forjando una Nación: Independencia


Pecamos, como nuestros padres. No me refiero a mis abuelos y antepasados, sino al pueblo de Israel, mi pariente espiritual. Pues al igual que él:

a. No entendí las maravillas, ni que yo misma era una pieza especial del Creador y Alfarero,
b. No me acordé de la muchedumbre de sus misericordias, sino que tomé la Biblia a la ligera,
c. Me rebelé. No quise saber de Dios y sus cosas, sino continuar con mi vida.

Pero él me salvó por amor de su nombre. Abrió un mar en medio del desierto para hacerme ver que le importo. Me rescató de la esclavitud en que vivía; esclava del egoísmo y del pecado.

Entonces creí. Le vi y creí. Y canté honra a su nombre. Nadie como él. Independencia. Libertad. Justicia.

Una nación recibía su Independencia, pero la historia apenas comenzaba.

(En memoria del Bicentenario de mi patria)

1 comentario:

Lisi dijo...

¡Hay tanto por lo que estar agradecidos! Somos los que más tendríamos que estar celebrando.

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