30 de enero de 2010

Peter Pan: Tigridia y la Sra. Darling


Tigridia, la princesa india, no ocupa mucho de la obra, pero su descripción ejemplifica a la mujer moderna. Es bella, coqueta, “fría o amorosa, según se tercie”. Los guerreros de su tribu sueñan con tomarla por esposa, pero “ella se defiende del altar a hachazos”. ¿Qué espera para casarse? Espera a Peter. Él mismo dice que Tigridia “quiere ser una cosa mía, pero no mi madre”.


También encontramos a la señora Darling, cuya mente es “tan romántica como las cajitas que vienen del misterioso Oriente y que se meten una dentro de la otra”. ¿De dónde más aprendería Wendy a sacrificarse por los demás sino de su madre? La señora Darling guarda un beso único que a final de cuentas otorga a Peter Pan. Al parecer, todas caen rendidas ante el encanto de este niño/hombre.

28 de enero de 2010

Peter Pan: Campanita


Campanita surge de la risa de un niño; y el día que ese niño no crea en hadas, ella caerá muerta. No puede apagarse por sí misma, y solo puede dormir cuando tiene sueño. Su oficio es arreglar ollas y teteras, así que Peter la considera un hada bastante ordinaria. ¿Pero lo es? Campanita es una mujer —sus curvas lo demuestran— que se pone celosa de su rival, la niña del camisón. Campanita no es mala del todo, pero tampoco buena del todo. Simplemente ama a Peter, y teme cuando Wendy amenaza con robarle su atención.

Está dispuesta a matar a Wendy, pero vemos su lado más tierno cuando Barrie nos describe su departamento, con un diván auténtico Reina Mab, alfombras antiguas, candelabros y un espejo Gato con Botas. La única ocasión en que Wendy y Campanita concuerdan es cuando Peter piensa que Campanita solo quiere ser su madre.

26 de enero de 2010

Peter Pan: Wendy


En primer lugar está Wendy, la madre y ama de casa abnegada, la niña del camisón que cuida a Peter Pan como una madre, pero que también le ama con su corazón de mujer. Wendy es más capaz que veinte chicos, o eso opina Peter. ¿Y qué mujer puede resistirse ante dicho cumplido? Para vivir a la altura de esta observación, Wendy se dedica a remendar ropa, acunar niños y contar cuentos.

Presa de la rutina del quehacer y de las obligaciones de una madre, Wendy sufre, a la par que muchas mujeres, por un hombrecito que prefiere jugar en vez de ser padre, que olvida su nombre y le pide: “Siempre que veas que me estoy olvidando de ti, repíteme: ‘Soy Wendy’, para que me acuerde”. Inmersa en las actividades diarias, suspira: “Dios mío, a veces creo que envidio a las solteronas”. Pero miente. Wendy ama sentirse útil.

También vive con el constante temor de no ser amada. Le dice a Peter: “No me cambiarías por otra, ¿verdad?” Peter, incómodo, responde que no. Wendy continúa y expresa la eterna pregunta: “Peter, ¿qué es exactamente lo que sientes por mí?” Él le rompe el corazón con su respuesta. “El cariño de un hijo, Wendy”.

24 de enero de 2010

Lo aprendí de Peter Pan


Más que piratas, sirenas y niños perdidos, en Peter Pan encontré una visión de lo que implica ser mujer. Ignoro si el señor Barrie pretendió convertir su clásico en un manual de psicología, pero el síndrome de Peter Pan (hombres que no desean crecer) y el síndrome de Wendy (la necesidad absoluta de satisfacer al otro) son apenas atisbos de lo mucho que nos ofrece su obra.

James M. Barrie nació en Escocia, el noveno de diez hijos. Peter Pan surge de una desgracia familiar, cuando David, su hermano de 13 años, muere en un accidente de patinaje. La madre de Barrie no se repuso de esta pérdida, y para ella, David siempre fue un niño de 13 años que nunca creció.

En la vida personal de Barrie no hubo grandes éxitos. Se casó con la actriz Mary Ansell y se divorciaron años después. Sin embargo, en los Jardines de Kensington, Barrie conoció a los tres hermanos Davies, de quienes se hizo amigo, y en sus conversaciones y visitas, Barrie comenzó a tejer las aventuras de Peter Pan, historia que desnuda el alma femenina en diversas formas.

Pronto empezaremos con la primer mujer(cita).

21 de enero de 2010

Saboreando a Bach


Uno escucha a Bach sin querer. En algunos comerciales se usa su música, o en los Juegos Olímpicos de invierno en las competencias de patinaje artístico, o en muchas películas. ¿Y quién fue J.S. Bach?

Esposo. Padre. Compositor.

La música de Bach se considera barroca, pero ¿qué ha hecho para perdurar en nuestra consciencia musical? Bach se parece a muchos músicos contemporáneos. Componía para subsistir, a veces incluso por encargo.

Su música se podría considerar “religiosa”. Los títulos nos lo indican así: Jesús, gozo de los hombres, oratorio según san Mateo. Por otro lado, sus composiciones seducen y aterrorizan: Tocata y Fuga en Re menor.

No hay porqué romperse la cabeza. La música ha sido hecha para disfrutarse. ¿Cómo saber que una composición vale la pena? No se necesitan explicaciones; la melodía y la armonía se combinan para mover el corazón. Eso es suficiente.

Alguien dijo que la música es una oración sin palabras (refiriéndose concretamente a la música instrumental). Bach se ha quedado en la memoria colectiva al brindarnos una variedad de tonadas que ahora son parte de la cultura popular.

Probablemente este alemán no visualizó lo que su música lograría, pero, gracias, amigo Bach, por dejarnos tu música, un delicioso caramelo que se disfruta mejor por las tardes, a la puesta del sol, desde una ventana, y con una taza de humeante café. (¿O no Brisa?)

18 de enero de 2010

Besos de chocolate


Me encantan los besos, darlos y recibirlos, aunque ahora con la influenza, nos han pedido que nos moderemos. No me consideraba muy cariñosa hasta que conocí a mi esposo. Entonces se desbordó en mí una mujer empalagosa e incontrolable.

Recuerdo que a veces mi esposo se molestaba —en nuestros días de noviazgo. Yo me ofendía. ¿Qué le pasaba? ¿Por qué no quería que le diera un beso en la mejilla en plena calle? Él me explicó que había conocido chicas que solo lo hacían para llamar la atención ¡de otros! O que algunas basaban en eso su inseguridad.

Tiene razón. Las motivaciones detrás de un beso son variadas. Judas usó un beso para traicionar a Jesús. Un beso puede ser más frío y cruel que una cachetada.

Ignoro si esto es algo solo de mujeres, pero para mí un beso implica que mi esposo me ama, que le agrado, que me aprecia. Pero no por eso debe darme una ración excesiva de besos todos los días. Él funciona de otra manera. Para él otras cosas le muestran mi cariño. Para él es importante que le hable, que cuide sus cosas, que le tenga lista la comida.

Se dice que los hombres son de Marte y las mujeres de Venus, o que los hombres son waffles y las mujeres espagueti, tal vez las mujeres, simplemente, tenemos mucho chocolate por dentro.

Solo sé que los besos son especiales, pero que mi marido y yo pensamos diferente, y por eso debemos aprender a comunicarnos para no malinterpretar la situación. Quizá podemos llegar a un acuerdo: que me bese antes de irse al trabajo y antes de dormir. Pero para el resto del día, ¡que me regale besos de chocolate!

14 de enero de 2010

Un dios maya


Resulta fascinante investigar y conocer otras culturas. Las civilizaciones prehispánicas en México aún causan sorpresa, extrañeza e interés. Los mayas, en particular, asombran por su inteligencia y sagacidad.

Matemáticos, astrónomos, arquitectos, poetas. Hombres y mujeres que han heredado —pues aún los hay— fortaleza y sagacidad ante un mundo cambiante.

En Tulum, uno de los centros arqueológicos mayas que aún quedan, se levanta un templo pequeño, un tanto ladeado, que pertenecía al dios de la miel (o el dios abeja). ¿Quién era ese? Nos cuenta la historia que Tulum —cerca de Cancún— era un puerto de contacto. Se encuentra en una pendiente desde la que se observa el mar Caribe, con sus tonos azules y su arena blanca, en un sitio estratégico para detectar huracanas y embarcaciones enemigas.

Sin embargo, muchos navíos eran amigos, no enemigos, e intercambiaban productos. Hasta el día de hoy, la zona de Cancún, Playa del Carmen, la Riviera Maya, no se caracteriza por su producción agrícola o ganadera. Hoy se sostiene del turismo; ¿y en la época prehispánica?

¡Producían miel! El guía de turistas mencionó que las abejas por esa zona no pican. (Aún tengo mis reservas). Pero en vista de que la miel abundaba y les proporcionaba otros productos, los mayas erigieron un templo.

Las civilizaciones antiguas solían rendir tributo o inventar un dios para asegurar su futuro. Quizá para nosotros suene descabellado y bárbaro, pero no somos tan distintos a esos mayas. Tal vez en unos siglos más, los futuros moradores de la Tierra verán nuestras ciudades como ruinas y observarán unos arcos dorados. Se preguntarán si son nuestros dioses o nuestros altares. ¿Quién les explicará que se trata solo de un McDonalds?

En fin, solo hablo de esto y aquello.

11 de enero de 2010

Divagando sobre el legal...ismo

“No soy legalista”, decimos, hasta que llega un punto en que nos volvemos sensibles, e incluso exageramos. El tema puede variar. Podemos ser drásticos en cosas debatibles, como el baile o el uso de la falda, o en cuestiones delicadas, como el divorcio.

Supongo que poco nos gusta ser considerados “legalistas”, “cuadrados”, “de mente cerrada”. Muchos de nosotros criticamos a quien actúa así; otros se ufanan de su rigidez y estricta moral.

Tristemente, los pleitos surgen por situaciones de esta índole. E incluso hay divisiones que provienen de posturas tajantes y extremas, en que ninguna de las dos facciones pretende ceder o lograr un equilibrio.

Me parece que existen tópicos “no negociables”: el asesinato, la mentira, el adulterio. Pero, desafortunadamente, aún este tipo de males hoy caen en el centro de “justificación”. Lo mató en defensa propia, fue una mentira blanca, lo engañó porque no tuvo opción.

Por otro lado, algunos asuntos se tornan sumamente complicados. Por ejemplo, se te indica el largo de la falda que debes usar, y aún el color. Si fallas en un milímetro, se te juzga y condena.

Solo pretendo divagar sobre la materia, no necesariamente proveer de una solución. Solo me digo: “No me agradan los legalistas. Pero ¿no soy yo una también en ciertos puntos?” ¿Mi propuesta personal? Pedir a Dios que me dé Su perspectiva. En aquellas cosas en que él es estricto, yo también lo quiero ser. Pero… yo no soy Dios.

Mientras él es un ser santo con derecho a evaluar y sentenciar un acto, yo soy igual de propensa a cometer cientos de errores que aquellos a quienes juzgo.

Por otro lado, también quiero recordar que Dios, ahondado a su santidad, posee gracia, es decir, esa capacidad de perdonar y cubrir una falta; aún aquellas que yo pudiera considerar “muy graves”. Así que me pregunto: ¿abunda la gracia en mí?

Concluyo esta reflexión diciendo que la cura al legal…ismo, no son más leyes, sino la gracia.

7 de enero de 2010

Chocolate amargo


El chocolate amargo no es menos chocolate. Contiene las mismas propiedades; de hecho, diríamos que se encuentra en su forma más elemental, sin la añadidura de azúcar, leche y otras sustancias que componen el chocolate que más comúnmente conocemos.

Supongo que en la vida las relaciones de pareja son así también. La sociedad nos vende un chocolate más comercial (con azúcar y leche), donde el galán nos abre la puerta del auto, nos recita palabras románticas, nos sorprende con regalos costosos y nos conquista.

Sin embargo, cuando llegamos al matrimonio, la diaria convivencia nos muestra —en muchas ocasiones— el chocolate en su forma más elemental, con un sabor semi-amargo. Entonces nos quejamos. ¿Dónde ha quedado el romance? ¿Qué de las flores? ¿Cuándo volverán las canciones románticas?

Quizá es cuestión de enfoques. ¿Qué es lo que nos gusta del chocolate? No es simplemente su dulzura, pues en ese caso compraríamos miel. No es tampoco su consistencia, pues podríamos optar por goma de mascar o algo crujiente como unos cacahuates (maní). Son las propiedades mismas del chocolate las que conquistaron a los aztecas, luego a los españoles, y hoy a las mujeres.

El chocolate amargo no es menos chocolate. Una relación de matrimonio del día a día no es menos romántica, ni especial, ni real, solo por los roces naturales de la convivencia.

¿Qué hago cuando recibo un trozo de chocolate amargo? Me lo como. Lo disfruto. Lo combino con otros sabores. Del mismo modo, en aquellos días de fricción con mi pareja, debo hacer lo mismo. Seguir adelante. Poner de mi parte. Combinarlo con buenos recuerdos.

Finalmente la vida tiene días buenos y malos, altos y bajos, dulces y amargos, pero sigue siendo vida. No nos quedemos solamente con las ideas que nos han vendido de modo comercial (chocolate americano o romance hollywoodense), sino que aprendamos a encontrar el valor y la belleza de las cosas, desde un chocolate (aún sea amargo), hasta una relación de pareja (al paso de los años).

4 de enero de 2010

Divagando sobre la salsa picante


En algunos lugares a todo le añaden salsa de tomate, pero en mi país, el chile lleva la delantera. Muchos turistas se asombran cuando les presentamos nuestros dulces: caramelo macizo de sabor mango cubierto con chile y sal; goma de mascar cubierta con chile piquín y sal; tamarindos cubiertos con chile y sal.

Quizá nos gusta que todo lo dulce tenga un poco de reto o de aventura. Tal vez nos hemos acostumbrado a que todo éxito trae consigo un poco de dolor. Cierto que el nacimiento de un niño conlleva gozo, pero la madre pasó un mal rato durante el alumbramiento. El chico que se gradúa con honores tuvo que sacrificar horas de diversión para estudiar y preparar sus exámenes.

Así es la vida. Tiene salsa picante.

¿Qué quieres este nuevo año?

¿Bajar de peso? Come menos, haz ejercicio y toma mucha agua.
¿Redecorar tu casa? Ahorra dinero, haz tú mismo las cosas y utiliza material reciclable.
¿Mejorar tus calificaciones? Toma apuntes, repasa con regularidad y presta atención en clases.

La vida sin picante, sería demasiado dulce, y en cierto modo, irreal.

Quieres bajar de peso así que sueñas con que alguien te pague la liposucción. ¡Imposible! Además, si no te duele, no lo valoras.
Quieres redecorar tu casa así que la mandas incendiar para que el seguro te compense y compres muebles nuevos. ¡Ilógico! Además, si pones en peligro otras vidas, terminas en la cárcel.
Quieres mejorar tus calificaciones así que pagas para que alguien te haga la tarea y te pase las respuestas. ¡Ilegal! Además, si no alimentas tu mente, desperdicias tu talento natural.

Lo que vale, cuesta. Lo duradero conlleva trabajo. A nadie le hace mal un poco de salsa picante.

1 de enero de 2010

Masticando el Año Nuevo

Empieza un Nuevo Año. Termina el Viejo Año. Solía redactar propósitos para mejorar, pero abandoné la práctica hace unos cuantos años cuando me di cuenta que algunas propuestas eran descabelladas, otras parte de mi rutina normal y unas más hasta tediosas.

Pero el Año Nuevo trae consigo preocupaciones. ¿Nos irá mejor? ¿Se acabará la crisis? ¿Aparecerá una nueva enfermedad? ¿Encontraremos el amor? ¿Mejoraremos nuestra condición física? ¿Hallaremos un nuevo trabajo?

Un sabio dijo: “No hay nada nuevo bajo el sol”. Qué cierto. Cada año, desde que tengo memoria, se coquetea con las mismas penas, desgracias y angustias. ¿Y lo peor del caso? ¡Muchas de ellas son inevitables!

Sin embargo, he llegado a una conclusión: lo mejor es comprender que hay cosas que no están en nuestro control; ésas, se descartan; pero hay cosas que podemos cambiar; sobre ésas, se trabaja. Y de ese modo, el Año Nuevo no suena tan amenazante, sino más bien como un reto y una oportunidad de crecer.

El año pasado me sentía un poco triste. El 31 de diciembre me encontraba sin pareja, y preguntándome si algún día me casaría. En años pasados, hallar a mi media naranja sobresalía como el punto número 1 en mi lista de deseos, pero a finales del 2008, decidí descansar. Ya no podía más. Me había fatigado por la espera y frustrado por las falsas alarmas.

¿Estaba en mis manos hallar al hombre de mi vida? Concluí que no. (Podía visitar lugares en busca de un hombre, pero me había dado cuenta que así no funcionaba la cosa). ¿Podía trabajar en mi carácter para que —cuando el príncipe azul llegara— no me viera amargada y triste? ¡Por supuesto que sí!

Sé que no es una receta, ni pasa en todos los casos, ni pretendo exagerar, pero en enero de ese año, lo conocí. Y hoy recibo el Año Nuevo con mi esposo. Insisto, no son 12 pasos para encontrar pareja, ni un ritual para casarse. Solo reflexiono en que cada año traerá sus propias preocupaciones. Aprendamos a descansar: dejando a un lado lo imposible, y trabajando en lo posible. Es una buena forma de comenzar a endulzar la vida.