Termino con esto (aunque hay más).
Trabajo y descanso.
Porque hay una labor que cumplir, un campo que segar, unos talentos que multiplicar.
Porque ya no hay cargas pesadas de conciencia ni de pecado. Hay reposo y sosiego.
Porque no se puede vivir todo el tiempo trabajando.
Porque no se puede vivir todo el tiempo descansando.
31 de mayo de 2010
28 de mayo de 2010
Divagando sobre paradojas (6)
Un nuevo hombre. Un viejo hombre. Los dos dentro de mí.
Los dos una realidad total. Un nuevo hombre que predominará. Un viejo hombre que morirá.
Pero, mientras tanto, el nuevo y el viejo conviven, como un niño y un anciano buscando la madurez y la inocencia.
Esto no es magia, es un proceso, una carrera, una transformación.
Los dos una realidad total. Un nuevo hombre que predominará. Un viejo hombre que morirá.
Pero, mientras tanto, el nuevo y el viejo conviven, como un niño y un anciano buscando la madurez y la inocencia.
Esto no es magia, es un proceso, una carrera, una transformación.
Categorías
Divagaciones
26 de mayo de 2010
Divagando sobre paradojas (5)
Paz y guerra.
Paz en el interior, en la mente y en el corazón. Una paz nueva, no experimentada hasta conocer a Cristo. Paz que inunda. Paz en medio de la tormenta.
Guerra en el interior, en la mente y en el corazón. Amenazas a la paz, a la conciencia y a la integridad. Una armadura. Un capitán. Una misión.
Paz en el interior, en la mente y en el corazón. Una paz nueva, no experimentada hasta conocer a Cristo. Paz que inunda. Paz en medio de la tormenta.
Guerra en el interior, en la mente y en el corazón. Amenazas a la paz, a la conciencia y a la integridad. Una armadura. Un capitán. Una misión.
Categorías
Divagaciones
24 de mayo de 2010
Divagando sobre paradojas (4)
Amor y verdad. Misericordia y juicio.
El que ama, perdona. La verdad señala la falta y exige retribución. El amor paga el precio. La verdad sella el pacto de no volver a traer las cuentas sobre la mesa.
El amor acepta a cualquiera. La verdad no encubre el pecado. El amor extiende los brazos antes y después de que la verdad utiliza la vara.
Porque, finalmente, el amor es verdad, y la verdad es amor.
El que ama, perdona. La verdad señala la falta y exige retribución. El amor paga el precio. La verdad sella el pacto de no volver a traer las cuentas sobre la mesa.
El amor acepta a cualquiera. La verdad no encubre el pecado. El amor extiende los brazos antes y después de que la verdad utiliza la vara.
Porque, finalmente, el amor es verdad, y la verdad es amor.
Categorías
Divagaciones
21 de mayo de 2010
Divagando sobre paradojas (3)

Riqueza y pobreza.
Terrenos peligrosos. Arena movediza.
Riqueza. Porque de pronto hay mucho billete. Pobreza. Porque de pronto solo una moneda para el pan de hoy.
Riqueza. Porque a veces hay abundancia de recursos. Pobreza. Porque a veces hay sequías.
Riqueza. Porque de repente fluyen promesas y consuelo. Pobreza. Porque de repente no se escucha ni su voz.
Riqueza. Porque entonces su amor se derrama. Pobreza. Porque entonces el amor calla.
En ocasiones pobre, en otras rica. Los que solo hablan de riquezas, no conocen al Maestro. Los que solo hablan de pobreza, no conocen al Maestro. Paradojas. Verdades en supuesta contradicción.
Categorías
Divagaciones
19 de mayo de 2010
Divagando sobre paradojas (2)
Gozo y sufrimiento.
Gozo. Risas. Regalos inesperados. Milagros. Sí, temo que para algunos esto no es el cristianismo, pero basta observar a los héroes bíblicos y a los cristianos de antaño para comprender que rieron, recibieron regalos inesperados y presenciaron milagros.
Sufrimiento. Cadenas. Lágrimas. Enfermedad. Sí, temo que para algunos esto no es el cristianismo, pero basta observar a los héroes bíblicos y a los cristianos de antaño para comprender que estuvieron presos, lloraron, padecieron.
¿Un ejemplo de esta paradoja? El nacimiento de un niño. Un parto, repleto de sufrimiento y de gozo.
Gozo. Risas. Regalos inesperados. Milagros. Sí, temo que para algunos esto no es el cristianismo, pero basta observar a los héroes bíblicos y a los cristianos de antaño para comprender que rieron, recibieron regalos inesperados y presenciaron milagros.
Sufrimiento. Cadenas. Lágrimas. Enfermedad. Sí, temo que para algunos esto no es el cristianismo, pero basta observar a los héroes bíblicos y a los cristianos de antaño para comprender que estuvieron presos, lloraron, padecieron.
¿Un ejemplo de esta paradoja? El nacimiento de un niño. Un parto, repleto de sufrimiento y de gozo.
Categorías
Divagaciones
17 de mayo de 2010
Divagando sobre paradojas (1)

Comprendo y no comprendo porqué el cristianismo es y no es popular; pero es que está lleno de paradojas (dos verdades en supuesta contradicción). Empecemos con una.
La más completa libertad y la más absoluta esclavitud.
Libertad de corazón. Libertad del pecado. Libertad del yo.
Esclavitud a Cristo. Esclavitud voluntaria. Esclavitud por gratitud.
Soy libre, pero esclava. Estoy en cadenas, pero puedo volar.
Una paradoja.
Categorías
Divagaciones
13 de mayo de 2010
Mi maestra favorita
Un día se detuvo para leer un cuento; otro día se detuvo para leer una novela. Un día se detuvo para corregir un manuscrito; otro día se detuvo para corregir una actitud.
Correctora incansable, lectora voraz. Paciente, honesta. Maestra, amiga.
Ejemplo de vida como escritora, como editora, como madre, como abuela, como esposa, como hija de Dios.
¡Una maestra! ¡Elisabet de Isáis!
Correctora incansable, lectora voraz. Paciente, honesta. Maestra, amiga.
Ejemplo de vida como escritora, como editora, como madre, como abuela, como esposa, como hija de Dios.
¡Una maestra! ¡Elisabet de Isáis!
Categorías
Mi gente
10 de mayo de 2010
Madres ejemplares
La recuerdo en su cocina, preparando sopa de fideo, arroz y milanesas; a veces huevo revuelto y chocolate (choco-milk). La recuerdo tejiendo, mientras escuchaba himnos antiguos en su casetera. La recuerdo con su cabello blanco, largo hasta la cintura (en ocasiones hasta la rodilla), el que recogía en un chongo que nunca se despeinaba.
La recuerdo en su cocina, preparando sopa de chícharo, papas y estofado; a veces taco salad y agua fresca. La recuerdo leyendo en su sillón, al lado de su esposo, observando de reojo la chimenea. La recuerdo con sus miles de proyectos, para las misiones, para ayudar, para enseñar.
La veo en su cocina, preparando sopa de verduras, frijoles y mole poblano; a veces pan dulce y café con leche. La veo dándose a su familia, limpiando la casa y ayudando a sus hijos. La veo pendiente, constante, sincera; dispuesta a dar su tiempo y su dinero a los demás.
La veo en su cocina, preparando sopas instantáneas, arroz y tacos dorados; a veces sincronizadas y té. La veo escribiendo y estudiando, concentrada en la pantalla y en la Biblia. La veo a mi lado, siempre, en las buenas y en las malas, aconsejando, apoyando, amando.
A mis abuelas, que ya descansan con su Señor. A mi suegra y a mi madre, que sirven a su Señor.
La recuerdo en su cocina, preparando sopa de chícharo, papas y estofado; a veces taco salad y agua fresca. La recuerdo leyendo en su sillón, al lado de su esposo, observando de reojo la chimenea. La recuerdo con sus miles de proyectos, para las misiones, para ayudar, para enseñar.
La veo en su cocina, preparando sopa de verduras, frijoles y mole poblano; a veces pan dulce y café con leche. La veo dándose a su familia, limpiando la casa y ayudando a sus hijos. La veo pendiente, constante, sincera; dispuesta a dar su tiempo y su dinero a los demás.
La veo en su cocina, preparando sopas instantáneas, arroz y tacos dorados; a veces sincronizadas y té. La veo escribiendo y estudiando, concentrada en la pantalla y en la Biblia. La veo a mi lado, siempre, en las buenas y en las malas, aconsejando, apoyando, amando.
A mis abuelas, que ya descansan con su Señor. A mi suegra y a mi madre, que sirven a su Señor.
Categorías
Mi familia
6 de mayo de 2010
Anna, la Trágica

Ayer, por casualidad, al ir saltando de canal en canal mientras esperaba a mi esposo, volví a ver Anna Karenina, y me acordé. Me acordé de la magia de Tolstói y sus personajes. Me acordé de la magia de Rusia y su folclor. Me acordé de las facetas de una mujer y de la profundidad que Tolstói daba a cada uno de sus personajes.
Anna Karenina. Mujer de contradicciones. Mujer con una tristeza profunda. Una Virginia Woolf en la ficción del pasado; una María Antonieta Rivas Mercado en un país ortodoxo. ¿Qué habría sido de Anna si Tolstói la hubiera colocado en este siglo?
El adulterio ya no es visto como antes; pero no por eso carece de estragos. No por eso se borran o minimizan sus efectos. Hoy, por la calle, aunque disfrazadas de mujeres modernas y valientes, aún cuando se maquillan con el feminismo ideológico, caminan muchas Annas, perdidas, dolientes, confusas.
Buscan el amor, pero éste no llega en un hombre. Buscan el perdón, pero éste no llega de labios humanos. Sin embargo, Tolstói da las respuestas a las interrogantes de la vida en los labios de Konstantin.
“Mi razonamiento no comprenderá porqué rezo, pero seguiré rezando, y mi vida, mi vida entera, independientemente de cualquier cosa que me suceda, ya no carece de sentido como antes, sino que ha adquirido un significado indudable de bondad en la que tengo el poder de invertir”.
Si Anna hubiera aprendido lo que Konstantin, no se habría echado a las vías del tren. ¿O no?
Categorías
Libros y libros
3 de mayo de 2010
Carta al tiempo

Señor Tiempo,
Así me han dicho que debo referirme a usted, pues no es usted un señor cualquiera, sino uno que merece nuestro respeto. ¿Por qué? Porque usted controla nuestros días y nuestras horas. Sin usted, nada comienza ni termina.
No sé muy bien cómo expresar mis pensamientos. Me siento privilegiada de poder dirigirme a usted, pero ignoro cómo presentar delante de usted mi petición. Verá, temo que si lo hago, usted me muestre mis muchos defectos y mi mucha culpa de la situación que hoy me aqueja.
En pocas palabras, diría yo que me falta más de usted. Si usted me regalara una hora más al día, le estaría muy agradecida. ¿Para qué la utilizaría? Para dormir, por supuesto. Me parece que no descanso lo suficiente. O quizá la aprovecharía para hacer mis pendientes, todas aquellas cosas que quedan inconclusas por falta de usted. Lavar trastes, limpiar ciertos rincones de la casa, escribir correos.
A veces quisiera, por ejemplo, enviar correspondencia a mis amigas, pero como carezco de usted, solo respondo lo urgente, solo me limito a lo esencial. Así que una hora extra, podría convenirme. Sí, sí, ya sé lo que usted dirá, que no es que necesite más de usted, sino que necesito usarlo con más inteligencia.
Me dirá que todos cuentan con la misma cantidad de su presencia y logran sus objetivos. Entonces ¿qué hago mal yo? Supongo que me falta mucho qué aprender. Pero aún así, si le placiera considerarlo, ¿me regala una hora más al día?
Su atenta servidora,
Una mujer ocupada
Categorías
Cartas
Suscribirse a:
Entradas (Atom)