30 de agosto de 2010

En espera de provisiones


Nunca he estado en una guerra, y espero no estarlo. Batallones enteros acampando, a punto de moverse para la siguiente pelea. Pero no se mueven, se encuentran a la espera de la voz del General. ¿Por qué? Porque aún no llegan las provisiones. Falta comida, agua, municiones.

Supongo que me encuentro en esta etapa de la guerra de la vida. Quisiera avanzar y luchar. Continuar con la misión que me ha sido encomendada. Pero no llegan las municiones. No veo claro cuál es el siguiente paso. ¿La solución?

Esperar. Palabra pequeña, pero complicada. Esperar. Postrada en cama —para la enferma. Realizando las labores del hogar —para el ama de casa. Dando el siguiente paso —para la que trabaja.

Así como los animalitos elevan sus ojos al cielo y dependen totalmente de Dios para recibir sus provisiones, del mismo modo debo actuar. Murray lo dice varias veces. Esperar en Dios. Es nuestra labor, nuestra misión más importante. Más que marchar con el batallón, más que eliminar al enemigo, debemos esperar, porque en esa espera se forja el carácter, en esa espera se gana lo mejor: a Dios mismo.

26 de agosto de 2010

Sin palabras

A veces las palabras no alcanzan para describir lo que sentimos, pero me alegra que siempre estén los Salmos para expresarlo mejor:

13 Tú creaste las delicadas partes internas de mi cuerpo
y me entretejiste en el vientre de mi madre.
14 ¡Gracias por hacerme tan maravillosamente complejo!
Tu fino trabajo es maravilloso, lo sé muy bien.
15 Tú me observabas mientras iba cobrando forma en secreto,
mientras se entretejían mis partes en la oscuridad de la matriz.
16 Me viste antes de que naciera.
Cada día de mi vida estaba registrado en tu libro.
Cada momento fue diseñado
antes de que un solo día pasara.
17 Qué preciosos son tus pensamientos acerca de mí, oh Dios.
¡No se pueden enumerar!
18 Ni siquiera puedo contarlos;
¡suman más que los granos de la arena!
Y cuando despierto,
¡todavía estás conmigo!

Nueva Traducción Viviente. Salmo 139
Te amo

23 de agosto de 2010

Una mala copia

No quiero mencionar el nombre de esta película para no decepcionar a nadie, pero se trataba de una mala copia del "Señor de los Anillos". Me pregunto, ¿por qué intentar lo imposible? Ya no hay más Tierra Media, salvo en la mente de Tolkien quien ya no está aquí. ¿Para qué intentarlo?

Sin embargo, más que una crítica, reflexiono en mi propio arte. Tengo héroes, escritores que deseo imitar. Pero no me quiero volver una mala copia. Quiero escribir con originalidad, frescura y mi propia inspiración.

Pero voy un paso más allá. Tampoco quiero ser una mala copia de Jesús, aunque por lo general lo soy. Tintes de amor, pinceladas de gentileza, pero una integridad flotante, un patrón irregular, altos y bajos en el camino.

Lucharé pues por no ser una mala copia... ¿Me ayudan en el camino?

19 de agosto de 2010

Un poco de teatro


El otro día, revisando mi blog, me di cuenta que ya llevo más de 500 entradas. Resulta increíble. ¿Qué tanto he dicho o escrito? Entre tantas letras, ¿hay algo que valga la pena? Se dice que menos es más. Así lo creo.

Un blog no es un diario ni un confesionario, en mi humilde opinión, pero me gusta compartir y descubrir mis reflexiones sobre la vida en sus diversas facetas. Supongo que aún falta mucho por decir, pero hoy me concentro un poco en el teatro.

Hacía mucho que no asistía a una función, y hacerlo me hizo recordar la magia de actores en escenas, la novedad al ojo ante los cambios de escenografía, pero sobre todo, el poder de la palabra. Historias duras y trágicas, historias que reflejan el mundo en el que vivimos. Un sabor amargo en la boca, y una risa en los labios.

Borramos lo terrible con una broma o un chiste, pero en el fondo, nuestro corazón se desgarra ante lo inevitable de la tragedia, de la vida, de las decisiones. Y yo solo desearía que el teatro fuera más accesible para todos los estratos sociales. Desearía que la sala no estuviera en un 40 o 50% sino en un 100. Que el teatro volviera a ser ese medio de entretenimiento, educación y concientización.

Mientras tanto, agradezco haber pisado uno de sus recintos una vez más, para disfrutar su magia.

16 de agosto de 2010

Tres bodas, un año


O menos de un año. El caso es que en octubre del año pasado se casó mi hermana menor. Le seguí yo en noviembre. El fin de semana pasado, mi otra hermana se unió al amor de su vida. Un año, tres bodas. Suena para libro, me dicen unos. Yo solo digo: tal vez.

En cierto sentido, todo merece una novela, pero en la vida real las cosas resultan más emocionantes e increíbles. Si me lo hubieran dicho hace unos años, me habría reído. ¿Casarnos en menos de un año? ¿Las tres con meses de diferencia?

Hubiera meneado la cabeza hace dos años. Mi hermana menor era la única con novio. Mi hermana de en medio tenía a su enamorado que luchó por su amor y no se rindió. Yo andaba como “perro sin dueño”, como dicen por ahí.

De pronto, todo cambió. Tres bodas en menos de un año. Pero así resulta con el mejor Escritor de las mejores historias. Nos tiene sorpresas en cada rincón; no nos deja aunque nosotros le demos la espalda; no se rinde aún cuando nosotros nos demos por vencidos.

Nosotros creemos en él, pero a veces se nos olvida que él confía en nosotros. Por eso nos ha dado libertad de elección, por eso nos ha dado segundas oportunidades, por eso nos sigue dando sorpresas en cada rincón.

Y nos sigue sorprendiendo…Yo solo digo: gracias, muchas gracias.

13 de agosto de 2010

Missing you


Éramos tan diferentes, como agua y aceite. O quizá éramos demasiado parecidas. Las dos preocupadas por todo y por nada, como si la preocupación nos diera una excusa para existir. Las dos sobre activas, como si un descanso fuera el peor pecado. Las dos ocultando nuestras luchas por querer hacernos las fuertes; tú en duelo, yo en transición.

Solo convivimos unos meses bajo el mismo techo. Al final, tú cansada de mí, yo de ti. Las dos dispuestas los cambios inevitables que vendrían. Las dos soñando con libros que aún no se habían escrito y que tal vez jamás serían publicados. Las dos con miedo del porvenir.

Hoy te extraño y lamento no haber aprovechado esos meses mucho más. Me gustaría sentarme en al mesa del a cocina y conversar sobre el matrimonio y la maternidad; sobre recetas y remedios caseros; sobre todo y nada. Hoy quisiera poner atención a tus historias y preguntar más detalles que aún no sé y quizá nunca sabré. Grandma, hoy te extraño más que ayer.

10 de agosto de 2010

Carta breve

Querido Consolador,

Casi no platico contigo, pero te necesito cada vez más. Necesito andar en ti, porque sigo siendo llevada por mi naturaleza pecaminosa. Necesito ser guiada por ti, porque ya no soy mía sino tuya. Necesito inundarme de ti, porque me equivoco constantemente.

Ya no te quiero entristecer; ya no te quiero apagar. Breve, pero concisa: te necesito.

6 de agosto de 2010

Divagando sobre la adoración


¿Renovación en la adoración? ¿Significa cantar los “hits” del momento domingo tras domingo? A veces sueño, y sueño con cantar.

Sueño que un domingo solo entonamos salmos. “Te exaltaré, mi Dios, mi Rey”, “Alabad a nuestro Dios en su santuario”, “Jehová es mi pastor”.

Sueño que otro domingo paseamos por la Reforma, y al lado de Lutero declaramos: “
Que muestre su vigor, Satán y su furor, dañarnos no podrá pues condenado es ya por la Palabra Santa”.

Sueño que otro domingo alabamos con los Wesley. “Cariñoso Salvador, huyo de la tempestad a tu seno protector”, “Cristo ya resucitó, ¡aleluya!”, “Oh que tuviera lenguas mil para poder cantar…”

Sueño que otro domingo nos acordamos de Fanny Crosby. “Lejos de mi Padre Dios”, “Más cerca, cerca de tu cruz”, “Dime la historia de Cristo”.

Sueño que otro domingo nos concentramos en los Gaither. “Solamente a Dios”, “La Cruz de Jesús me separa”, “El Rey ya viene”.

Faltarían tantos… faltarían domingos… himnos mexicanos, latinoamericanos, africanos; la colección de Isaac Watts y William Bradbury, la de Jesús Adrián Romero y Rubén Sotelo. Tanto que cantar; tanta repetición; tan corta visión.

En fin, solo divago…

3 de agosto de 2010

Déjame oír

Porque a veces estoy cansada, muy cansada…

No me hables de ti ni de tus experiencias, déjame oír de mi Jesús

No me pongas cantos que empiecen con “yo”, déjame oír de mi Jesús

No me des libros de autoayuda, déjame oír de mi Jesús

No me repitas los dogmas cristianos, déjame oír de mi Jesús

No me cuentes el secreto de la felicidad, déjame oír de mi Jesús

Porque a veces tengo sed, mucha sed, y lo que me das no me sacia.