29 de septiembre de 2010

Forjando una Nación: Invasiones Extranjeras


¿Qué hice? Continué equivocándome.

a. Aborrecí la tierra deseable. ¿En verdad me esperaba algo mejor pasando el Jordán? Comencé a sentirme muy cómoda en el desierto.
b. No creí a su palabra. ¿Cómo lograría Dios darme esa tierra de leche y miel? ¡La habitaban gigantes!

Así que murmuré en mis tiendas. ¡Oh sí! No fui tan valiente como para murmurar de cara frente al Todopoderoso. Me escondí en mí misma y critiqué los planes de Dios con otros rebeldes como yo.

¿Las consecuencias? Invasiones extranjeras. Enemigos de la Patria queriendo ganar terreno sobre mi corazón, porque yo lo permití. Porque yo bajé mis defensas. Porque yo abrí la puerta.

(Y aún falta...)

27 de septiembre de 2010

Forjando una Nación: Ideales Corrompidos


Supongo que caí en lo más bajo el día que hice un becerro en Horeb. Cambié la gloria de Dios por la imagen de un "hombre que gana dinero", de un "billete que obtiene comodidades", "de un aparato que me roba el tiempo", de "sueños que exaltan mi yo".

Cambié su gloria por algo mortal y perecedero. Olvidé al Dios de mi salvación; olvidé sus maravillas. De no haberse interpuesto la gente que me amaba, habría sido destruida.

Pero siempre estuvieron allí los intercesores, los que velaban por mi patria, los que no dejarían que me hundiera en lo más profundo. ¡Gracias a Dios por ellos!

23 de septiembre de 2010

Forjando una Nación: Golpe de estado



En mi ignorancia y juventud, en mi inmadurez y poco tino, tuve envidia de los líderes y anhelé su posición. Por supuesto que nadie me informó de lo difícil que resultaba su trabajo. Nadie me contó que entre mayor autoridad, mayor responsabilidad. Yo solo tuve envidia y la tierra se abrió y me tragó.

Mi orgullo me elevó y me desplomé en pleno aire. Perdí amigos y credibilidad. Comprendí que "Moisés" y "Aarón" pasaban un mal rato cada vez que el pueblo se rebelaba. Entendí que es fácil dar un golpe de estado, pero difícil permanecer en el poder. Y que llegar arriba es bendición de Dios, cuando él quiere y como quiere.

20 de septiembre de 2010

Forjando una Nación: Primeros Pasos


Recién adquirí mi libertad, mis primeros pasos de Independencia fueron tambaleantes y titubeantes.

Bien pronto me olvidé de sus obras. "Ok, abrió un Mar. ¿Pero me dará carne y sustento? ¿Dónde conseguiré agua?"

No esperé su consejo. Pensé conocer el camino a seguir, como si ya hubiera andado antes por este desierto de la vida.

Me entregué a un deseo desordenado. "Pan, pan, pan". "Carne, carne, carne".

Tenté a Dios en la soledad. "¿Acaso me había sacado de la esclavitud para verme morir en mis primeros pasos? ¿Qué de la diversión y los anhelos de mi corazón?"

Dios entonces me dio lo que pedí (oraciones contestadas, caprichos concedidos), pero junto con ello vino la mortandad. (Un sabor agridulce en la boca. ¿Era esto lo que quería? ¿Bienes materiales? ¿Amistades superficiales?)

(Continuará...)

16 de septiembre de 2010

Forjando una Nación: Independencia


Pecamos, como nuestros padres. No me refiero a mis abuelos y antepasados, sino al pueblo de Israel, mi pariente espiritual. Pues al igual que él:

a. No entendí las maravillas, ni que yo misma era una pieza especial del Creador y Alfarero,
b. No me acordé de la muchedumbre de sus misericordias, sino que tomé la Biblia a la ligera,
c. Me rebelé. No quise saber de Dios y sus cosas, sino continuar con mi vida.

Pero él me salvó por amor de su nombre. Abrió un mar en medio del desierto para hacerme ver que le importo. Me rescató de la esclavitud en que vivía; esclava del egoísmo y del pecado.

Entonces creí. Le vi y creí. Y canté honra a su nombre. Nadie como él. Independencia. Libertad. Justicia.

Una nación recibía su Independencia, pero la historia apenas comenzaba.

(En memoria del Bicentenario de mi patria)

13 de septiembre de 2010

Prodigando paciencia


Andrew Murray dijo: "El heredero debe esperar; puede darse el lujo de esperar". Pero yo soy como el hijo pródigo, exigiendo mi herencia antes de tiempo, queriendo que las cosas salgan a mi favor antes de tiempo.

¿Qué deseo?

A veces bienes materiales; tener y poseer lo que anhelo, en la vaga espera que eso hará mi vida más emocionante.

En otras ocasiones, reconocimiento; el saberme valorada y apreciada por lo que hago y soy; el ver mis talentos en su máxima expresión.

Incluso hay momentos en que llanamente quisiera justicia. No concibo que algunos se "salgan con la suya" y anden por el mundo impunes, sin recibir su merecido.

Pero como heredera, puedo darme el lujo de esperar. Debo esperar. La paciente espera traerá fruto.

10 de septiembre de 2010

Quieta... por favor


Aunque lo he prometido, sigo fallando. "Este año no me dejaré dominar por la tiranía de lo urgente. No me llenaré de compromisos".

Y de pronto, la agenda se llena. Mi lista de pendientes crece. Todo parece tener prioridad, excepto el secreto de la vida: "estar quieta y conocer a Dios".

¿Lo peor? Racionalizo mi estar ocupada. "Si no lo hago yo, ¿quién? Esto no puede esperar hasta mañana. Más vale hoy".

Reconozco en los demás los peligros de no tener privacidad. En un experimento realizado por John Calhoun, un grupo de ratones, que vivían hacinados en una jaula, murieron. No les faltó agua ni comida, tampoco actividad o salud. Les faltó espacio y tiempo. Privacidad.

A mí no me confina una jaula física, sino emocional. Me encierran los barrotes del compromiso, de la sociedad, de la sociabilidad, de lo urgente, que realmente no es tan importante.

Estáte quieta, me repito. Estáte quieta y conoce quién es Dios. Conoce que Él es Dios. Quietud. Serenidad. Tranquilidad. Aún no lo alcanzo... aún falta mucho... Pero lo deseo, lo anhelo, lo busco....

7 de septiembre de 2010

El mar y Dios

El mar impone, no cabe duda. Dos sentimientos me vienen a la mente.

Miedo. Más que algo paralizante, es una especie de temor reverente. La conciencia de que el mar destruye, cuando quiere. Y que un abrir y cerrar de ojos una ola puede cambiar nuestro destino.

Esperanza. Porque el mar deletrea vida. El agua nos recuerda la importancia de las segundas oportunidades. El mar nos provee alimento y muchos beneficios.

Dios impone, no cabe duda. Pero me acerco a Él con temor reverente, pero también con esperanza. Porque todo aquel que se acerca a Dios, no será defraudado.