21 de marzo de 2011

Daría mi vida

Con qué facilidad se hace esta promesa. Daría mi vida por ti. Tristemente, el tiempo verbal no es el más indicado. ¿No sería mejor: “Daré mi vida por ti”? ¿O incluso: “Doy mi vida por ti”?

Por otro lado, estamos a la espera de ese gran momento crucial en la vida del otro donde demostraremos nuestro amor. No sé si queremos donar un órgano o tomar el lugar del otro en la silla eléctrica. Pero ¿por qué no hacer efectiva la promesa hoy?

¿Cómo se hace? De la manera más dolorosa. Dar la vida por otro implica tiempo: dedicarle preciados minutos que podrían ser solo “nuestros”. Dar la vida por otro implica incomodidad: entregar algo que nos gusta o desprendernos de nuestra comodidad por el bien del otro. Dar la vida por otro implica dinero: desprendernos del mío para formar un nuestro, o aún más, un tuyo.

Dar la vida por otro comienza en las gotas del diario vivir. Quizá podamos pensar en algún ejemplo, un padre o una madre, que literalmente, han dado la vida por otro. Hoy día escuchamos mucho sobre el tiempo que nos debemos a nosotros mismos. Gracias a Dios, él es un Dios que da y no retiene nada. No exige “sus” derechos sobre nuestra vidas (y debemos aceptar que tiene todo “los” derechos sobre nuestras vidas). Más bien es un Dios que ha dado la vida por nosotros, y la sigue dando día a día, al amarnos, atender nuestras plegarias y estar al pendiente de cada detalle.

¿Por quién darás tu vida hoy?

1 comentario:

Nuria G. Arnáiz dijo...

¡Un reto al aire! ¡Bien por eso, Keila!

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