
Susurro en tu oído un misterio. Increíble, pero un día, el Señor Jesús fue como tú, un bebé. A mí también me impresiona y me deja muda.
Un día, las manos que formaron al mundo se encerraron en dos puñitos que ardían por cólico.
Un día, los pies que pisaron los montes, se ocultaron detrás de una cobija que lo protegía del frío.
Un día, los ojos que miraban todo y en todo lugar, se cerraron para dormir.
Un día, los labios que pronunciaron que se hiciera la luz, clamaron en llanto por alimento.
Un día, la inmensidad se guardó en un cuerpecito pequeño que María pegó contra su pecho y arrulló para ayudarlo a dormir.
Increíble, pero cierto. Un día, lo eterno y poderoso, fue frágil y pequeño.
4 más comentan...:
Espero ver esas manos pronto.
Me encanta cuando a través de tu experiencia, reflejada en tus palabras, puedo ser consciente de la sencillez, de la cotidianeidad, de la humanidad de Jesús. Gracias Kei!!
Este me encanto!
Esas con las cosas maravillosas que aceptamos por fe.
Besitos.
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