7 de marzo de 2011

Te vi y te amé

Susurro porque no me gusta recordar, y al mismo tiempo, vivo de ese recuerdo. Solo veía la luz del quirófano sobre mis ojos. Sentía el cuerpo dormido, pero estaba consciente. Quería escuchar tu llanto que no venía. Sabía que estabas fuera de mí, pero no te oía. Me entró un poco de temor.

De repente, un chillido débil y breve. El miedo recorriendo mi espalda. Minutos que se hicieron horas hasta que la enfermera puso tu carita a mi lado. Tus ojitos cerrados, tu nariz respingada, tus labios delgados. Solo me dio tiempo de darte un beso rápido. Pero desde ese instante te amé.

La segunda vez que te vi mi corazón se rompió en dos. Arrastrando los pies y sujetando la bata de hospital para cubrirme, avancé detrás del cristal. Incubadora tras incubadora, camita tras camita. Bebés pequeños, frágiles, enfermos. Llegué hasta donde estaban mis apellidos, y mis ojos se nublaron.

Eras tú. Me acordaba muy bien de ti. Te reconocería en cualquier lugar. Tu color de piel, tus mejillas regordetas, la forma de tu cráneo. Te quería tocar, pero un cristal se interponía entre los dos. Tuve miedo al ver los tubos y sensores sobre tu cuerpo. Solo vestías un pañal. Te veías tan diminuto. Cuánto te amé.

La tercera vez que te vi pude entrar y librar el cristal. “No lo cargue, no lo agite”, me dijeron. Solo podía hablarte en susurros y rozar tu piel. Te aplicaban fototerapia. Traías en los ojos una especie de gafas para no lastimarte. No podía ver tus ojos, pero sí tus labios, tu nariz, tus bracitos y piernitas.

Mil pensamientos me embargaron. ¿Cómo dejarte allí solo cuando ansiaba llevarte a casa conmigo? ¿Tendrías miedo por las noches? ¿Reconocerías mi voz? Pero un pensamiento me consoló y me armó de valor. El Buen Pastor velaría por su corderito. Y yo te amé.

Al igual que tu papá, ahora sé que ya no hay marcha atrás. Como te amé desde antes, te amo hoy y te amaré mañana, y en el proceso, aprendo y comprendo, un poquito más cada día, lo que es el amor de Dios. Él me vio y me amó. ¡Qué maravilla!

8 comentarios:

Patricia dijo...

Keila querida. Cuando uno lee algo tan hermoso y que al mismo tiempo toca cuerdas tan íntimas, que liberan a su vez tantos recuerdos... ¡ya no quedan palabras!

La Blu dijo...

No se vale hacerme llorar así tan susurradamente.

Les envío un abrazo y guardo este esfuerzo tuyo por recordar aquello que dolió, en mi corazón.

Cómo no amarlo si ya desde ese breve instante en que salió de ti, se hizo un guerrero de luz.

:')

Anónimo dijo...

Cuando lo vi por primera vez, no alcanzaba a ver tu cara tenias una como sartén transparente y recuerdo que cuando le dije precioso, hermoso cachetón te moviste inmediatamente y alcance a ver como tratabas de abrir tus ojos y en un momento parece me viste y pareciera que te vi sonreír. Nunca olvidaré ese momento que cuando sea grande le contaré que esa carita y ojos que alcance a ver abiertos me hacían orar con mas fervor por él y también consolaban mi corazón cuando venia a casa y lloraba, sé que Dios tiene un plan para él, ayer lo presentamos en la Iglesia pero yo desde ese primer día que lo vi lo entregue a Dios, porque me decía que era de él. Gracias Keila por poner de esta manera tu sentir, de antemano sé que lo haces no solo mejor que yo sino aun mejor que cuando no teníamos a Ibrahim. Te amo.

A.M.M.

Nuria G. Arnáiz dijo...

Compartir nuestros pensamientos escribiendo, aunque la mayoría de las veces es un placer, en otras es entregar parte de nuestros más dolorosos sentimientos. Pero éste, amalgamado con la presencia del Señor, es simplemente una joya de tu corazón.
Gracias,
Nuria

Karen dijo...

Gracias por compartir tu corazón, querida amiga. Gracias por compartir tu experiencia y a través de tu dolor, mostra una y otra vez que el Padre nos vio y nos amó... y nos ama tanto que nos deja entender un poco de ese amor tan sublime al darnos la oportunidad de ser padres, de colaborar con Él para engendrar vida.
No hay marcha atrás y me gozo porque tus lágrimas se han convertido en sonrisas y hoy puedes estrechar a tu pequeñín, besarlo, abrazarlo y susurrarle cuantas veces lo anheles.

Abraham, no necesitas hacerlo "bien" para transparentar tu corazón. Gracias a tí también.

Isa dijo...

Mi Keila preciosa, no tengo palabras, sólo lloro y comparto lo vivido.
Te amo mucho.

Colegio ABC dijo...

Hola Keila No había tenido la oportunidad de leer este articulo te confieso que me hizo llorar porque recordé a Ari, y creo que la experiencia fue parecida. El entender el amor de Dios desde el punto de vista de la madre es muy hermoso pero sobretodo te motiva a amarle mas. Gracias...

Colegio ABC dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.

LinkWithin

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...