6 de abril de 2011

Divagando sobre el individualismo y el tribalismo

Vivimos en una era de contraste. Ahora se nos enseña el “individualismo”. “Tú todo lo puedes”. No se nos invita a participar en equipo, ni siquiera en el deporte. Lo importante es que “tú” metas los goles y ganes más dinero. El equipo es solo un “bien necesario”. Tristemente, esta filosofía se ha permeado en la fe.

Muchos preferimos adorar a Dios en la soledad de nuestras casas. Y si bien debemos diariamente buscar a Dios en la intimidad de nuestros corazones, esto no excluye el pertenecer a una iglesia local y participar activamente en ella. Me parece que es “esencial” para la fe el ser parte de un grupo de creyentes que se reúne semanalmente. Sí, aún cuando no estemos de acuerdo siempre, o haya algunas personas que nos sacan de nuestras casillas. Incluso cuando el liderazgo es imperfecto y los programas dejan mucho que desear.

La fe, como entiendo las Escrituras, es comunitaria. A los individualistas del siglo XX y XXI les encanta el estribillo: “Cristo me ama. Bien lo sé”. Pero lo que yo leo en la Biblia es: “Cristo amó a la iglesia”. “Dios amó al mundo”. ¿Notamos los sustantivos? Pablo jamás dice: “Cristo me salvó”. Sino “nos redimió”, “nos justificó”. Aprenderíamos mucho al realizar un análisis profundo de las epístolas para percibir ese sentimiento colectivo de los autores.

Pero al hablar de los contrastes, debemos incluir el tribalismo. Hoy también se nos enseña a pertenecer a un grupo y morir por sus ideales. Lo vemos en aquellas bandas juveniles que se reúnen para el crimen, o aquellos que solo comparten gustos y aficiones, desde peinados y vestuarios exóticos, hasta filosofías de vida. Lo percibimos en una escuela donde te indican que aquella mesa es de los “ricos”, los “rockeros” o los “raros”.

Algunos caemos en el error del individualismo, otros en el tribalismo. Estamos orgullosos de “nuestra” iglesia local y miramos con recelo y desdén a los de otras denominaciones. No nos juntamos con cualquiera. Criticamos a quienes tienen otras prácticas en cuanto a la adoración. Incluso, menospreciamos a los que –aún con el mismo código de fe— no son de los “nuestros”.

La fe, como entiendo las Escrituras, es universal. A los Tribalistas del siglo XX y XXI les encanta el estribillo: “Somos un pequeño pueblo muy feliz”. Pero lo que yo leo en la Biblia es: “amaos unos a otros”. Y esos otros no tienen una denominación específica. También leo: “ama a tus enemigos”. Es decir, a los que no comparten nuestra fe e incluso la rechazan. Aún más, leo: “ama a tu prójimo”. Fin del asunto, debo amar al que esté al lado. Sin condición.

Ni individualistas, ni Tribalistas. Simplemente: bíblicos.

Solo divago…

7 comentarios:

Adán Cortés dijo...

Realmente impactante como siempre, algo muy bueno para reflexionar y pensar que estamos haciendo, y si estamos cayendo en el error del individualismo o el tribalismo. gracias por esto!!

Lisi dijo...

Amén.

Beth Hanna dijo...

Keila, Me gustaría subir esto a ObreroFiel, para que no solo los que leen tu blog lo vean. ¡Que lo vean miles de personas por todo el mundo! ¿Qué be dices?

Alex dijo...

La comunion que existe en la iglesia es tan especil y es de mucha bendición, pero no debemos olvidar que todos los demas necesitan del evangelio.gracias por recordarnoslo.

Art´s dijo...

Querida Keyla,
Te hablo con tanta familiaridad, porque muchas veces te he leído y creo que me has permitido conocer mucho de ti, pero hoy leí lo que escribiste mientras tu pequeño estaba en el hospital y me vi a mi.... Después de 8 años, gracias a Dios pude embarazarme, y cuando mi pequeño nació por 15 días mi vida fue un viaje entre terapia intensiva y terapia media, me hiciste recordar esos momentos... Gracias

Isa dijo...

¡Buenísimo! Nos has hecho recordar la maravilla de poder amarnos y ser uno, todos en Cristo.
Gracias mi escritora favorita.

Nuria G. Arnáiz dijo...

¿Imaginas si, ahora mismo, el Señor se presentara ante nosotros? ¡Que tristeza sería para Él el encuentro con nosotros, su Iglesia! Pero, corrijo, ¡qué triste debe estar al vernos a nosotros, su Iglesia, tan desunida, tan dispersa.
Gracias por el recordatorio, hermana.

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