27 de mayo de 2011

Increíble, pero cierto


No quiero que leas esto hasta que seas mucho mayor. Es terrible lo que sucedió, pero cierto:

Federico II de Prusia decidió realizar un experimento para lograr soldados perfectos. Instaló un hospital perfecto. Eligió a cincuenta bebés para que vivieran ahí. ¿Dónde estaban sus madres? ¿Qué opinaron? Un grupo de enfermeros y enfermeras tenían la obligación de alimentar, asear y vigilar a estos bebés. Pero existía la orden absoluta de que nadie les diera la más mínima muestra de cariño, ni siquiera con el tono de voz. ¿El resultado? Todos los bebés fallecieron.

Esto origina el concepto llamado "hospitalismo de Spitz". Spitz observó que la tasa de mortalidad se eleva entre los neonatos que carecen de estímulos benignos, como cuando son aislados de sus madres por enfermedad.

Doy gracias a Dios porque me permitieron acariciarte, hablarte, besarte en esos días de hospitalización. Y me hago mil preguntas: ¿Qué pensaron las madres de esos bebés? ¿Qué sintió Federico II al dejar morir a cincuenta bebés? Curiosamente, Federico moriría sin dejar herederos.

Solo susurro...


3 comentarios:

D de Daniela dijo...

wow Keila! Increíble como siempre.

Karen dijo...

Ciertamente espantoso, y nos indigna mucho más porque se trató de bebés, pequeñitos indefensos. Pero los bebés son abrazables, apapachables y besables por naturaleza.
Sin embargo... ¿seguimos abrazando y besando a nuestros hijos mientras van creciendo? Lo necesitan igual aunque llegue un momento en que lo nieguen.
¿Y qué tal los adultos? ¿Seguimos besando a nuestro esposo con la misma pasión del primer día? ¿Abrazamos a nuestros padres sólo porque sí sin motivo alguno?
En cada etapa de la vida el contacto físico es indispensable y alimenta nuestra alma y nuestro espíritu de una especial manera.
Gracias Keila por susurrar.

Nuria G. Arnáiz dijo...

¡Horror! Y nos espantamos de Hitler. El valor de una caricia y su maravilloso efecto puede ser mejor definido por gente con Inmunodeficiencia. . .¿Alguien recuerda aquel niñito que vivió dentro de una burbuja plástica para protegerlo de contaminantes y que, después, recibió de la NASA un traje de astronauta con el que pudo deambular POR SU JARDIN?
Seamos generosos, pues, con tan mágico regalo de Dios: el tacto y el amor.

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