19 de mayo de 2011

No quiero perder (1)

No quiero perder tu capacidad de asombro. Cómo abres los ojos cuando ves algo nuevo, o colorido, o un rostro familiar. No quiero perder la emoción que transmites al patalear y reír cuando te muestro un libro que te gusta o cuando nos reímos contigo.

No quiero perder el asombro de cada mañana, al abrir las ventanas y observar los cerros verdes que me rodean; no quiero perder el asombro cada día cuando lucho con mis amigas las hormigas, pero admiro su persistencia y trabajo; no quiero perder el asombro de verte dormir, crecer, cambiar.

No quiero perder el asombro…

1 comentario:

Nuria G. Arnáiz dijo...

Estás en buenas manos, Keila, para no perder el asombro por muchos años. Los hijos tienen esa capacidad y la convivencia con ellos tiene su propia magia: ¡la sorpresa!

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