11 de julio de 2011

Descubrimientos: una comunidad

He leído y escuchado comentarios diversos sobre la vida espiritual en fechas recientes. Todos buscamos a Dios, o así parece, pero muchos insisten que se trata de una búsqueda individual. En cierto sentido, tienen razón. Cada uno dará a Dios cuenta de sí.

Pero en mi peregrinar, comprendo que la fe es comunitaria. Una comunidad de fe nos brinda el soporte que necesitamos. A final de cuentas, ese fue el sueño de Jesús: que sean uno. No que cada quien sea uno, sino que el conjunto de sus hijos fuera de un mismo sentir.

Sin embargo, el concepto de comunidad ha diferido al original, en mi opinión. Tu comunidad de fe no es un grupo de amigos con quienes te llevas bien. Tu comunidad de fe no es un grupo social del estrato al que perteneces. Tu comunidad de fe no es un grupo que a final de cuentas eliges por afinidad. Eso son los amigos, pero ellos llenan otras necesidades.

La comunidad de fe, como lo veo yo, consta de gente que tú “jamás habrías escogido” por tu propia voluntad. Consta de gente de “diversos estratos sociales”, pobres y ricos, clase media e indigentes. Consta de gente que te “sacará de tus casillas” de vez en cuando. Pero que, cuando este grupo se reúne alrededor de los emblemas de la Santa Cena, todo eso se olvida. Incluso, los llegas a amar. Porque al partir el pan y beber el vino, al escuchar las meditaciones o entonar los cantos, todo eso se disipa y surge el amor, surge el poder de “ser uno”, pues todos estamos en el mismo barco de la gracia.

Triste que muchas iglesias ya no le dan importancia a la Santa Cena. Lo hacen como un “compromiso” más en la agenda, y le restan tiempo. Cada vez menos: una hora, media hora, quince minutos. Cada vez más espaciado: cada mes, cada seis meses, cada año. Pero la Santa Cena es y será, siempre, un mandamiento único, esencial y profundo que nos enseñará la importancia de una comunidad de fe.

1 comentario:

Nuria G. Arnáiz dijo...

Supongo que este tema, en particular, tendré que masticarlo para discernir si la única afinidad con los otros debiera ser nuestra fe en Cristo o si por circunstancias, también, comenzamos a acercarnos para después compartir esa parte. . . lo meditaré.

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