26 de enero de 2011

Un paso a la vez

Lo acepto. A veces quisiera que fuera distinto y que en un abrir y cerrar de ojos, como por arte de magia, las cosas se hicieran. Que en un suspiro o con solo pensarlo, se escribiera la novela sin necesidad de corregir. Que las cajas repletas de papeles y otras cosas se organizaran por sí mismas con el uso de la varita mágica.

Pero esto no funciona así. Ni aquí ni allá. Uno debe dar un paso a la vez. Y lo he constatado al mudarme a la nueva casita. Lo que en un momento parecía imposible, ha ido adquiriendo forma. Pero no por arte de magia, sino por el trabajo de pareja, un cuarto a la vez, un mueble a la vez, una caja a la vez.

Y sí, a veces he querido perder la cabeza porque las cosas no avanzan con la rapidez deseada, pero la vida es así. El tiempo sigue transcurriendo, de modo que el día tiene 24 horas, y cada hora 60 minutos, y las cosas se suceden una tras otra, en su momento y sin prisa.

Aún más, comprendo que Dios no tiene prisa. Su reloj está perfectamente bien sincronizado con el universo. Solo basta echar una mirada al pasado para comproblaro. Todo ha sucedido en el mejor tiempo, así que esta no será la excepción.

Por lo tanto, aquí seguimos, un paso a la vez. Con temor y emoción de la siguiente pisada, pero consciente que no puede suceder antes ni después, sino en el segundo ya dispuesto por Dios en la eternidad.

19 de enero de 2011

Nueva casa

Hay que sacar cosas de las cajas y acomodarlas. Poner detalles aquí y allá que le vayan dando un aspecto a “hogar”. Recuerdos mil que se apilan al ir colocando los detalles que se compraron con cariño tiempo atrás. Sonrisas que surgen al acariciar los objetos que recibimos como regalo de boda.Difícil para el cuerpo, pero satisfactorio para el corazón. Al poner libro tras libro en el estante, se amontonan los suspiros. Viejos amigos, compañeros entrañables de toda una vida. Arreglando la casa, pero eso no hace un hogar. ¿O sí? Me parece que el hogar se hace cuando uno lo comparte con los seres queridos, y de ese modo también se acumulan memorias que dejan huella. Y por hoy, es todo. Mucho qué hacer aún.

13 de enero de 2011

La influencia del paisaje y el clima

Después de leer sobre las Brontë y pensar en ellas nuevamente, me viene a la mente mi novela favorita: “Cumbres Borrascosas”. Sobre todo, recuerdo la descripción de los paisajes. Esas casas frías y grandes donde el viento se colaba por cada ventana. La vívida imagen de los páramos, áreas expuestas al clima de Yorkshire.

No cabe duda que el lugar donde crecemos o vivimos resulta una influencia innegable. Los colores vivos de Oaxaca, el clima cálido de Querétaro, la actividad del Distrito Federal, y ahora, la neblina, los cerros, el frío, el calor, el viento tempestuoso azotando los techos durante la noche. Un clima cambiante y caprichoso, como mi actual estado de humor.

Me pregunto qué tanto influirá en lo que hoy escribo. Tantos cambios, como fruta fresca, un ambiente más provinciano, gente con costumbres diferentes, muy cerca de las vías del tren, con una vegetación abundante que también provoca la proliferación de bichos.

Tarde o temprano todo reaparece en los libros. La nostalgia, la dicha, la soledad, las personas. Con disfraces, con máscaras, con finales diferentes, pero finalmente brotan por las letras para dejar libre al autor, para ayudarnos a comprender y asimilar lo vivido. Charlotte Brontë le llamaría una sutil venganza; Emily lo consideraría un mal necesario; Anne lo calificaría como la cruda realidad.

Tanto por aprender… tanto por escribir… tanto por vivir…

10 de enero de 2011

Otra vez las Brontë

Nuevamente las hermanas Brontë acuden en mi ayuda en estos días de cambios, altos y bajos, y muchas emociones. Recreo sus vidas a través de una novela que imagina la vida de las hermanas mientras Charlotte escribía Jane Eyre.

El libro en sí es interesante, pero una frase me llega hasta la médula:

“We have our work – no one can take that away from us. No matter how exhausted or sad I feel, we have our writing and that changes everything”.

Las palabras de Emily Brontë, en esta biografía novelada, me atrapan: “Tenemos nuestro trabajo – y nadie nos lo puede arrebatar. No importa qué tan exhausta o triste me sienta, tenemos nuestros escritos y eso cambia todo”.

Concuerdo contigo, Emily. Quizá algunos le llaman “escape”; nosotros le decimos “trabajo”. Tal vez hay quien lo vea como una manera de perder el tiempo; para nosotros es nuestra vida. Y eso lo cambia todo.

Gracias, hermanas Brontë, por venir a mi rescate, una vez más.

(Y gracias, Brisa, tú sabes porqué)

4 de enero de 2011

En medio de la debilidad

Cuando más débil, más fuerte es él. Y puedo verlo. En medio de mi hora de necesidad, cuando siento que ya no puedo, cuando todas las puertas se cierran, surge él.

Quizá no de manera corporal, como muchos quisieran, sino a través de personas. No ángeles disfrazados de seres humanos, sino personas de carne y hueso. Gente que nos rodea y que nos ama, aún sin nosotros merecerlo.

Y eso he visto en mi vida en estos últimos días. Lo que yo creía imposible, comienza a materializarse, pero no porque yo sea fuerte, o porque lo merezca, o porque haga mucho por lograrlo. Todo lo contrario.

En medio de mi ineficiencia, mi torpeza, mi ignorancia y mi ineptitud, Dios ha mandado ayuda inesperada y esperada, puntual y cariñosa, que transforma los momentos complicados en dulces recuerdos, y que me muestra una vez más, que la vida es mucho más que cosas materiales, la vida es él y los demás, aquello que es eterno y duradero, y eso que jamás será vencido: el amor.