29 de abril de 2011

Alicia: lección 2


En otra escena, Alicia conoce a la Oruga quien le pregunta con voz somnolienta: “¿Puede saberse quién eres tú?” Alicia responde: “…esta mañana lo sabía… ¡Pero ahora mismo no lo sé! ¡Cómo voy a saber quién soy, si estoy cambiando continuamente!” ¿Será que Alicia en lugar de ocho años era una adolescente?

Alicia se refería a que en el transcurso de unas horas había crecido hasta quedar atrapada en una casa, pero se había encogido hasta competir con un ratón. Aún así, a veces nos sentimos en una constante Montaña Rusa de emociones y cuestionamos nuestra identidad (aún pasada la adolescencia). Alicia tuvo que bajar por el tronco de un árbol para descubrirse; nosotros solo requerimos un tiempo a solas, lejos de los amigos y familiares.

Vivimos rodeados de ruido e interrupciones, ajenos a la naturaleza y al silencio. Me parece más sensato organizar nuestros tiempos para reflexionar, que terminar presas de una pesadilla —como le sucedió a Alicia— para comprender que somos esclavos de la rutina y de la superficialidad.

27 de abril de 2011

Alicia: lección 1


Alicia es una niña que suele darse muy buenos consejos, ¡que luego no sigue! Su personalidad introvertida la hace jugar croquet consigo misma, pero concluye que de nada serviría pretender ser dos personas distintas. “¡Bastante trabajo tengo con ser una!” Sin embargo, no necesitamos ir a un mundo mágico para encontrar la locura más grande de todas: intentar ser dos personas a la vez.

¿No lo hacemos muchas veces? Somos una persona en casa, otra en el trabajo. Fingimos y nos ocultamos detrás de nuestras tarjetas de crédito o de nuestros títulos universitarios, pero rara vez mostramos a la persona real. Me parece que Alicia tiene razón. Concentrémonos en ser una sola persona; ¿para qué usar máscaras?

25 de abril de 2011

Lo aprendí de Alicia en el País de las Maravillas

El Conejo Blanco, el Sombrerero, el Gato Cheshire y la Reina de Corazones son solo unos cuantos de los personajes que encontramos en “Alicia en el País de las Maravillas” de Lewis Carroll. Algunos lo consideran una sátira, otros literatura “nonsense” o del absurdo, pero en este libro hallamos las preguntas trascendentales que todos deberíamos responder.

Lewis Carroll, originalmente Charles Lutwidge Dogson, un tímido profesor de Matemáticas en Oxford, paseaba con las hermanas Liddell por el río y para entretenerlas, compuso las aventuras disparatadas de una niña, historia que entusiasmó a Alicia Liddell quien le rogó que la escribiera. Carroll pasó toda la noche tratando de recordar lo que había inventado esa tarde, y hasta la Navidad de 1864, le regaló a Alicia la versión final con algunas ilustraciones.

Cuando el libro se publicó, fue un éxito inmediato. Así que Carroll escribió la segunda parte, “Alicia a través del espejo”, inspirada en las historias que Carroll contó a las niñas Liddell en casa de su abuela. Lo cierto es que Carroll nos ofrece un libro repleto de ingeniosas rimas en inglés y con una crítica social de su época. Pero no quiero abundar en sus muchos juegos verbales ni en sus señalamientos sociales, sino en los temas serios, que de forma absurda, Carroll comentó.

19 de abril de 2011

Los comerciales

“En esta clínica, no inyectamos, ¡des-inyectamos!”

—¡Guau! —exclamaron los tres amigos.

“En lugar de insertarles el medicamento, extraemos el virus, la bacteria o la enfermedad”.

—¡Guau! —repitieron los chicos.

—¿Entonces no hay agujas? —se emocionó Ricardo.

El doctor mostró una inyección con una aguja grande y puntiaguda.

Los tres amigos se decepcionaron.

Minutos después:

“¿Quieres ser una semi-princesa?”

—¿Cómo? —preguntaron los tres amigos.

“En nuestra escuela te preparamos para ser una semi-princesa”.

—¿Cómo? —insistieron los chicos.

“Con nuestro sistema de apariencias, serás casi-rica, casi-bella, casi-bondadosa”.

Los tres amigos se desilusionaron.

Minutos después:

“Conoce el nuevo mini-hotel”.

—¿En serio? —se intrigaron los tres amigos.

“El hotel más pequeño del mundo, y por lo tanto el más económico”.

—¿En serio? —curiosearon los chicos.

—¿Será para enanos? —Rodrigo quiso saber.

La imagen mostró una litera, con una pantalla de televisor en el techo, y un hombre apretujado en la angosta cama.

Los tres amigos se desencantaron.

Minutos después:

“Alimente a su bebé con el nuevo maxi-biberón”.

—¿El qué…? —se angustiaron los tres amigos.

“Una mamila gigante, para que no tenga que prepararlas vez tras vez. El maxi-biberón”.

—¿El qué…? —palidecieron los chicos.

—¿Y será para bebés gigantes? —indagó Ramiro.

Un niño obeso apareció con una sonrisa que mostraba solo un diente.

Los tres amigos se desconcentraron.

—Creo que vemos mucha tele.

—Sí, mejor vamos a jugar.

13 de abril de 2011

Buenas noches

Ya el sol se despidió,

Y la luna se asomó.

Es la hora de dormir,

Y me debo despedir.



Pero en paz me acostaré

Y asimismo dormiré

Porque no tengo temor,

Pues me cuida el Buen Pastor.

6 de abril de 2011

Divagando sobre el individualismo y el tribalismo

Vivimos en una era de contraste. Ahora se nos enseña el “individualismo”. “Tú todo lo puedes”. No se nos invita a participar en equipo, ni siquiera en el deporte. Lo importante es que “tú” metas los goles y ganes más dinero. El equipo es solo un “bien necesario”. Tristemente, esta filosofía se ha permeado en la fe.

Muchos preferimos adorar a Dios en la soledad de nuestras casas. Y si bien debemos diariamente buscar a Dios en la intimidad de nuestros corazones, esto no excluye el pertenecer a una iglesia local y participar activamente en ella. Me parece que es “esencial” para la fe el ser parte de un grupo de creyentes que se reúne semanalmente. Sí, aún cuando no estemos de acuerdo siempre, o haya algunas personas que nos sacan de nuestras casillas. Incluso cuando el liderazgo es imperfecto y los programas dejan mucho que desear.

La fe, como entiendo las Escrituras, es comunitaria. A los individualistas del siglo XX y XXI les encanta el estribillo: “Cristo me ama. Bien lo sé”. Pero lo que yo leo en la Biblia es: “Cristo amó a la iglesia”. “Dios amó al mundo”. ¿Notamos los sustantivos? Pablo jamás dice: “Cristo me salvó”. Sino “nos redimió”, “nos justificó”. Aprenderíamos mucho al realizar un análisis profundo de las epístolas para percibir ese sentimiento colectivo de los autores.

Pero al hablar de los contrastes, debemos incluir el tribalismo. Hoy también se nos enseña a pertenecer a un grupo y morir por sus ideales. Lo vemos en aquellas bandas juveniles que se reúnen para el crimen, o aquellos que solo comparten gustos y aficiones, desde peinados y vestuarios exóticos, hasta filosofías de vida. Lo percibimos en una escuela donde te indican que aquella mesa es de los “ricos”, los “rockeros” o los “raros”.

Algunos caemos en el error del individualismo, otros en el tribalismo. Estamos orgullosos de “nuestra” iglesia local y miramos con recelo y desdén a los de otras denominaciones. No nos juntamos con cualquiera. Criticamos a quienes tienen otras prácticas en cuanto a la adoración. Incluso, menospreciamos a los que –aún con el mismo código de fe— no son de los “nuestros”.

La fe, como entiendo las Escrituras, es universal. A los Tribalistas del siglo XX y XXI les encanta el estribillo: “Somos un pequeño pueblo muy feliz”. Pero lo que yo leo en la Biblia es: “amaos unos a otros”. Y esos otros no tienen una denominación específica. También leo: “ama a tus enemigos”. Es decir, a los que no comparten nuestra fe e incluso la rechazan. Aún más, leo: “ama a tu prójimo”. Fin del asunto, debo amar al que esté al lado. Sin condición.

Ni individualistas, ni Tribalistas. Simplemente: bíblicos.

Solo divago…