8 de octubre de 2012

La elección (a modo de postdata)

Jeremías les dice que se detengan, que busquen los senderos antiguos, pero tristemente, en ese único versículo, se nos revela la respuesta de Israel a este mandato: “No andaremos en él”. ¡Rechazaron la invitación! ¡Desobedecieron el mandamiento!


Se hace camino al andar. Pero el primer paso nos invita a andar en ese camino. ¿Lo haremos? ¿O nos negaremos? Israel rechazó la invitación. No quisieron seguir el camino. Cavaron su propia tumba.

El camino es Cristo, y ciertamente no es el elegido por la mayoría, ni por las grandes celebridades. No es el más codiciado, sino que ha sido criticado por la historia. Pero es el camino. El único que lleva a la paz. Porque eso es lo que Dios promete. Si nos detenemos, si miramos, si preguntamos por la senda antigua: “hallaremos descanso para nuestras almas”.

Descanso. Qué suave y delicada palabra a mis oídos. En medio de mi estrés y mis preocupaciones, entre lavar trastes y ropa, entre el trabajo y el tráfico, descanso, reposo, sosiego. Quizá no del cuerpo, sino de algo más importante: el alma, el centro de mi voluntad y mis afectos, mi yo.

Jesús lo prometió: “Vengan a mí todos los que están cansados y llevan cargas pesadas, y yo les daré descanso”.

Dios me dice: “Detente. Mira. Pregunta. Y tendrás descanso”. ¿Cuál es la respuesta? Espero no sea la que dio el pueblo de Israel.

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