2 de septiembre de 2013

Lealtades divididas (parte 1)


Un día de febrero de 2005, agentes del FBI rescataron un montón de rollos de papel de la basura de Chi Mak, ingeniero que trabajaba para el Departamento de Defensa en California. Luego de ser laboriosamente reconstruidas, las notas hechas trizas resultaron ser instrucciones para Mak con los datos técnicos que debía robar y entregar a China.

Mak, que emigró de China hace 3 décadas y en 1985 se convirtió en ciudadano estadounidense, fue sentenciado a 24 años de cárcel por exportar información controlada y mentir al respecto. Dirigiéndose al juez cuando éste afirmó que había traicionado a Estados Unidos, Mak, de 67 años, protestó: “Nunca tuve la intención de perjudicar al país. Yo amo este país”.

Un nuevo estudio muestra que la lealtad dividida, en general proveniente de estadounidenses naturalizados con raíces en una patria extranjera, ha pasado a ser el motivo exclusivo o primordial en cerca de la mitad de los casos de doble espionaje. “La lealtad dual es un problema que no veíamos en esta escala desde la Revolución”, cuando muchos colonos juraban lealtad al rey británico.

La lealtad dividida no es solo un problema patriótico, sino también espiritual.

Leamos Santiago 1:6-8. 

No fluctúen (vacilen, titubeen) pues una persona con lealtad dividida es tan inestable como una ola del mar que es movida y sacudida por el viento. Esas personas no esperan recibir nada del Señor. Su lealtad está dividida entre Dios y el mundo, y son inestables en todo lo que hacen.

¿Está nuestra lealtad dividida entre Dios y el mundo? ¿Sabías que de esta lealtad dividida surge la preocupación? 

Continuará...


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