9 de septiembre de 2013

Lealtades divididas (parte 3)


Aprendamos de las lealtades divididas a través del padre de la preocupación, no, perdón, al padre de las lealtades divididas, no, perdón, el padre de la fe.

Romanos 4:20
NTV
Abraham fue, humanamente hablando, el fundador de nuestra nación judía. ¿Qué descubrió él sobre llegar a ser justos ante Dios? 2Que, si sus buenas acciones le hubieran servido para que Dios lo aceptara, habría tenido de qué jactarse. Pero ésa no era la forma de actuar de Dios. 3Pues las Escrituras nos dicen: «Abraham le creyó a Dios, y Dios consideró a Abraham justo debido a su fe».
13Obviamente, la promesa que Dios hizo de dar toda la tierra a Abraham y a sus descendientes no se basaba en la obediencia de Abraham a la ley sino en una relación correcta con Dios, la cual viene por la fe.
18Aun cuando no había motivos para tener esperanza, Abraham siguió teniendo esperanza porque había creído en que llegaría a ser el padre de muchas naciones. Pues Dios le había dicho: «Ésa será la cantidad de descendientes que tendrás». 9Y la fe de Abraham no se debilitó a pesar de que él reconocía que, por tener unos cien años de edad, su cuerpo ya estaba muy anciano para tener hijos, igual que el vientre de Sara.
20Abraham siempre creyó la promesa de Dios sin vacilar. De hecho, su fe se fortaleció aún más y así le dio gloria a Dios. 21Abraham estaba plenamente convencido de que Dios es poderoso para cumplir todo lo que promete. 22Y, debido a su fe, Dios lo consideró justo.

Abraham fue un hombre con lealtad unilateral. No fue inestable, aunque no por eso su vida careció de problemas. ¿Cuál fue la clave para que Abraham no titubeara, ni vacilara, ni fluctuara como una ola?

1. El carácter de Dios
Dice: Le creyó a Dios. El carácter de Dios es el fundamento de nuestra lealtad. ¿Quién es Dios? Si lo supiéramos no dudaríamos.

2. Las promesas de Dios
Dice: Creyó la promesa de Dios. Lo que Dios dice es el segundo pilar en el que edificamos nuestra lealtad. Podemos creerle porque lo que dice es verdad. Hoy los sicólogos dicen que la felicidad es genética, mañana que es social, pasado mañana que no existe. Pero Dios no cambia.

Estos dos pilares impedirán que cojeemos, aún con muletas. 

Regresemos al tema de la felicidad. En lugar de tener lealtades divididas, veamos qué nos dice Dios.

Dios nos dice que sí existe la felicidad, y que no depende del FENG SHUI, ni del amor de tu pareja o de tener un trabajo, ni es cuestión de genética, ni está dentro de ti.

En el mismo pasaje de Romanos 4, encontramos la clave. Dice:

4Cuando la gente trabaja, el salario que recibe no es un regalo sino algo que se ha ganado. 5Pero a las personas no se les considera justas por sus acciones sino por su fe en Dios, quien perdona a los pecadores. 6David también habló de lo mismo cuando describió la felicidad de los que son declarados justos sin hacer esfuerzos para lograrlo:
7                 
«Oh, qué alegría para aquellos
a quienes se les perdona la desobediencia,
a quienes se les cubren los pecados.

La verdadera felicidad es saberte culpable y ser declarado inocente. La verdadera felicidad es saber que has pecado, pero que Dios te perdona no por NADA QUE HAGAS, ni POR NADA QUE SEAS, sino porque él quiere amarte.

Una persona con lealtad dividida es tan inestable como una ola del mar que es movida y sacudida por el viento, pero una persona que confía en Dios “nunca será avergonzada”, porque es como una montaña. 




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