17 de septiembre de 2013

Oh soledad...


¿Temes la soledad? Muchos lo hacen y llenan sus agendas de compromisos, hablan por teléfono, inventan actividades para evitar un fin de semana en casa o cubren el vacío con música y televisión.  La soledad es un mal de nuestros tiempos, pues aún las personas más ocupadas descubren que aún en las fiestas más concurridas se siente solas. Dos soledades no hacen una compañía, así que la solución no se encuentra ni siquiera en el matrimonio.
Lo que debemos aprender es que la soledad no es mala en sí misma. En lugar de evadirla, deberíamos darle la bienvenida pues posee ciertas características que la hacen única y saludable. Piensa en lo siguiente: Nadie, jamás, entenderá cómo te sientes. Dice Proverbios 14:10: “Nadie más que tú conoce realmente tus tristezas y tus alegrías.” Pero la buena noticia es que Dios sí, porque él conoce nuestros pensamientos (Salmos 44:21).
Si solo Dios conoce tus pensamientos, en la soledad puedes compartir con él lo que piensas y anhelas. Él comprenderá la profundidad de tus penas y de tus deseos. Y entonces, aún cuando te sientas completamente sola, será una mentira, porque Dios estará contigo. Si la has entregado tu vida a Él y has creído en Cristo como tu Salvador, jamás estarás sola. Su Espíritu Santo mora en ti y te acompaña a donde vayas (Mateo 28:20).
En lugar de huir de la soledad, aparta momentos solitarios para hablar con Dios. Imita al Señor Jesús quien siempre buscaba un lugar para estar solo y orar (Lucas 5:16). Descubrirás que no estás sola, que alguien te escucha y ama, y sobre todo, aunque no lo creas, te encontrarás más acompañada por las personas que como abejas a la miel, querrán estar contigo para compartir esa paz que Dios te regalara en tus tiempos privados con Él.

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