5 de junio de 2014

Las minas del Real

El Real debe su razón de ser a las minería. Las minas dieron sustento y propósito al pueblo que se fue forjando alrededor. Hoy se puede visitar una mina en el mismo Real. Visita esta página.

Novela: Peregrina

Pueblo Mágico: Real del Monte

—Buenos días, señorita Francis.

Los ingleses la saludaban con suma cortesía en tanto Liza recorría la entrada de la mina del brazo del doctor Roberto. El mismo señor Chambers la había escoltado, y lamentó que Katherine no se sintiera repuesta como para acompañarla. Isabel corrió al lado de su padre, y se admiró de la enorme torre de ladrillo que identificaba la mina desde otros puntos cercanos.

El doctor Roberto le mostró una nave principal donde vivían unos cuantos mineros. La mayoría se hospedaba en el pueblo. Isabel quiso ver las calderas, pero el señor Chambers exigió cautela así que solo se asomaron de lejos. En eso, el corazón de Liza dio un vuelco. Henry Adams, en camisa y sudando, engrasaba una máquina. De pies a cabeza traía manchas. Contempló al doctor Roberto, pulcro y elegante, y sin lugar a dudas más apuesto, pero sus ojos volvieron al señor Adams.

Él sintió el peso de su mirada pues elevó la vista. Al principio esbozó una sonrisa, pero de inmediato se tornó serio. Liza recordó la advertencia del señor Chambers. Había constatado la veracidad de sus palabras. En el Real había siete mujeres inglesas, cinco casadas, y Rose y ella como solteras. Por el contrario, podía enumerar una veintena de hombres solteros, de edades variadas, que presumían su procedencia de Cornwall.

Entonces reparó en los mineros. La mayoría eran indígenas, de tez oscura y morena. Vestían pantalones de manta, camisas delgadas y traían los pies descalzos. Liza los veía entrar a la boca de la mina y salir de ella cargando baldes con piedra, la que depositaban en los carros que ya fuera por aire o por mulas serían transportados a las haciendas donde se extraería la plata.

—Doctor, un hombre ha caído.

El médico se disculpó y se perdió en la boca de la mina. Liza se quedó paralizada en su lugar. Las minas provocaban en ella sentimientos diversos. Por una parte, le recordaban a su padre, un hombre lejano y misterioso al que poco conoció. Esa parte de su vida le transmitía nostalgia y una sensación de vacío. Por otro lado, las minas le deletrean el sustento. Ella misma había hecho lo que se realizaba en las haciendas, separando y buscando el preciado metal.


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